viernes, 28 de junio de 2019

Crítica Spider-Man: Lejos de Casa: Sentido arácnido de transición

Se estrena el viernes 5 de julio de 2019, en las carteleras de toda España, el largometraje Spider-Man: Lejos de Casa, la nueva cinta del universo compartido de Marvel Studios. Y, a continuación, puedes leer nuestra crítica, sin spoilers.

El cineasta Jon Watts vuelve a ser el encargado de dirigir las andanzas en solitario de Tom Holland como Spider-Man, después de las buenas sensaciones que dejó con Spider-Man: Homecoming; una cinta con altibajos, pero que nos regalaba un espléndido Hombre Araña y un perfecto Peter Parker. Para la secuela, todos han querido repetir, a excepción de Robert Downey Jr. y Michael Keaton (por motivos obvios). De este modo, volvemos a contar en Spider-Man: Lejos de casa con las apariciones de Zendaya, Jacob Batalon, Tony Revolori, Marisa Tomei y Jon Favreau; a los que se unen los nuevos fichajes de Jake Gyllenhaal, Samuel L. Jackson y Cobie Smulders, entre otras sorpresas típicas de Marvel. Solo se echa de menos el tradicional cameo de Stan Lee.

Peter Parker (Tom Holland) termina el curso escolar y se va de viaje de fin de curso con sus compañeros de clase a Europa. Sin embargo, el plan de Parker de pasar más tiempo con MJ (Zendaya) y no utilizar por un tiempo sus súperpoderes, se verá truncado cuando Nick Fury (Samuel L. Jackson) contacte con él para solicitarle ayuda, dado que se encuentran faltos de efectivos para frenar el ataque de unas criaturas elementales que están causando el caos en el Viejo Continente. En ese momento, Parker deberá volver a ponerse el traje de Spider-Man para cumplir con su labor, junto a un nuevo superhéroe llamado Mysterio (Jake Gyllenhaal).

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Como ya ocurriera con su predecesora, Spider-Man: Lejos de Casa es utilizada como hilo conductor, como un salvarredes (nunca mejor dicho) para cerrar los agujeros que van dejando otras películas de este apabullante universo compartido, con veintidós películas estrenadas antes que ésta a sus espaldas. De esta forma, la historia de Jon Watts no solo sirve para ver evolucionar al Spider-Man adolescente de Holland, sino también para ver cómo se enfrenta él y el resto de los ciudadanos al caos generado por el chasquido de Thanos y a los acontecimientos de Vengadores: Endgame. Pero, como cierre de la Saga del Infinito, hubiera sido más adecuado la superreunión de abril que esta secuela de Spidey.

El motivo es que si bien habla de las consecuencias de la batalla de Endgame, el poso que deja no es tan espectacular como aquélla, donde la película en sí tampoco es que signifique una entrega revolucionaria, sino que resulta más bien una de transición hacia la nueva saga que aún está por anunciar. Con la intención de no destripar las últimas sorpresas que ofrece la cinta, solo decir que pocas teorías han acertado con lo que nos ofrece el filme, con un giro de guión y dos escenas postcréditos que harán que ‘marvel zombies’ y neófitos de los cómics, pero veteranos de las películas de superhéroes, les explote la cabeza ante las posibilidades que se presentan.

spider-man: lejos de casa. MJ y spidey

Respecto a la secuela en sí, abandona el estilo de película de instituto para convertirse en una ‘road movie’ de estudiantes americanos por Europa, con sus clichés, referencias y gags que no siempre dan en el clavo. En este sentido, la cinta atraviesa diferentes altibajos, pero en esencia consigue ofrecer un buen espectáculo gracias a los efectos especiales, las secuencias de acción, la mágica química entre Zendaya y Holland, el carisma de su protagonista y un Mysterio en su salsa, regalándonos las mejores secuencias de la película. Como una de sus grandes taras (y losas) está el insufrible papel de Flash llevado a cabo por Tony Revolori, lástima si se tiene en cuenta las grandes sensaciones que dejó con El Gran Hotel Budapest. Sin olvidarnos de los profesores, que más que ayudar en la carga cómica, entorpecen la historia con sus intervenciones. Aunque no toda la culpa la tienen los actores, sino también reside en un guión que fuerza la risa con demasiada frecuencia.

Aunque en general, esta continuación está un peldaño por debajo de su predecesora, con mucho humor pero no siempre efectivo, pero que aborda y abordará cuestiones que las otras aventuras del superhéroe arácnido no había afrontado en la gran pantalla. Y esto es principalmente porque no consigue superar a su anterior entrega, siendo un capítulo de transición, que no supera ni a lo visto en Spider-Man 2 de Sam Raimi ni a la reciente Spider-Man: Un Nuevo Universo. Seguramente el mejor villano de Spider-Man en la gran pantalla ya lo hayamos visto, y tenía el rostro de Alfred Molina.

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En resumen, Marvel Studios y Sony nos presentan en Spider-man: Lejos de casa, una continuación de Spider-Man que funciona como transición entre dos sagas, la de las gemas del infinito y la que anunciarán en breve, con sus grandes dosis de acción y situaciones divertidas, pero que deja una sensación agridulce, de comedia veraniega sin grandes pretensiones pero entretenida y disfrutable, que solo carbura al son de un Tom Holland que es de las mejores decisiones de casting de Marvel desde que le dieron la oportunidad de redimirse al defenestrado Robert Downey Jr. Solo un par de momentos y sorpresas animan el patíbulo, donde la situación queda cubierta y salvada con las dos escenas postcréditos, que son de las mejores que ha tenido hasta ahora el universo compartido, desde aquel cameo de Samuel L. Jackson que nos abrió un fantástico mundo ante nuestros ojos.

Lo peor: Que no consigue superar a su predecesora.

Lo mejor: Que las dos escenas postcréditos harán volarte la cabeza.

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