sábado, 25 de junio de 2016

El fin de Michael Jackson

El fin de Michael Jackson

En Octubre de 1992, Michael Jackson no sabía que estaba viviendo su último gran momento de gloria.

Michael Jackson

Se encontraba dando un concierto en Bucharest, donde demostró que a los treinta y cuatro años había conseguido lo que pocos niños estrella: sobrevivir en la industria al alcanzar la vida adulta. Pero por el camino no solo se había desprendido de su imagen infantil, se había transformado en un hombre irreconocible de piel blanca, nariz estrecha y afilada y largos rizos negros. Por aquel entonces los periódicos estaban acostumbrados a publicar todo tipo de noticias ridículas que salían en parte de la mente de los publicistas del propio cantante, pero fueron un paso más allá al comentar su obsesión por la cirugía estética o su supuesto rechazo a su herencia afroamericana. La presentadora Oprah le preguntaría sobre todos estos temas en directo en una entrevista donde Jackson aclararía que padecía una enfermedad que destruía la pigmentación de la piel y que había alcanzado la fama junto a los Jackson Five por miedo a las palizas que les daba su padre.
En aquella entrevista el público norteamericano pudo también echar un vistazo a su famoso rancho Neverland, una propiedad de once kilómetros cuadrados donde Jackson había construido un parque de atracciones con tiovivos, montañas rusas, pistas de karting y hasta su propia estación de tren. Neverland buscaba ser su propia versión del país de Nunca Jamás e invitaba a niños de colegios y hospitales para que pasasen un día allí y disfrutasen con las atracciones, viendo películas o comiendo helado y algodón de azúcar. Era evidente que Michael no era un adulto corriente. Mostraba un comportamiento infantil y parecía más contento jugando al escondite con escolares que relacionándose con gente de su edad. Fue entonces cuando muchos le diagnosticaron el famoso Síndrome de Peter Pan, donde el que lo padece se niega a crecer y permanece en una burbuja que defiende su irresponsabilidad y egoísmo infantil. Había una razón para que Michael se comportara así. Jamás fue tratado como un niño y a los cinco años hacía pequeñas actuaciones en locales de striptease junto a sus hermanos, así que ahora que disfrutaba de todas las comodidades y el dinero del mundo, podría explorar esa faceta de su vida de la que no había podido disfrutar. Pero aunque no se trata de una enfermedad, sí es un trastorno psicológico que tiene grandes repercusiones. Michael quizá no se dio cuenta de que su relación con los niños no podía ser del todo honesta ya que él jugaba con ventaja. El cantante de Thriller solo quería tener amigos, pero ahogaba en regalos y atenciones a los niños que entraban en su vida, algo que las familias aceptaban sorprendidas porque no pensaban que una superestrella como él pudiese ser tan cercana y amable. Uno de los más cercanos a Michael fue un chico llamado Jordan Chandler, que padecía cáncer y encontró no solo amistad en el cantante, sino un gran apoyo económico. Ambos se convirtieron en inseparables, lo que molestó un poco al padre del chico, que se encontraba en pleno divorcia. Evan Chandler veía a Michael como si estuviese arrebatándole a su hijo, algo que era cierto en parte porque los niños que acompañaban a Michael se convertían en pequeñas réplicas suyas, hablando de lo mucho que los adultos estaban destrozando el mundo y cómo solo ellos, inocentes y puros de corazón, podrían evitarlo. Los niños son muy influenciables, y Michael era como el chico más guay del colegio, alguien que tenía recreativos privados y que podía conseguir lo que quisiera. Evan Chandler llegó a la conclusión de que la relación era enfermiza, y denunció al cantante cuando creyó que había abusado de su hijo.

Michael Jackson

El caso de Jordan Chandler

En un primer momento Jordan aseguró que jamás había ocurrido nada indecente, pero pronto cambió su testimonio asegurando que Michael le había obligado a participar en actos sexuales, describiendo el cuerpo del cantante como lleno de manchas, incluyendo en los genitales. La noticia sobre su supuesta pedofilia encajaba bien con el aire asexuado de Michael, a quien Oprah había preguntado a bocajarro meses antes si era virgen. Quizá muchos encontraron aquella perversión como una explicación lógica a que un hombre de su posición jamás fuese visto con mujeres atractivas, sino con niños o chimpancés, pero también significó que la policía tuvo que tomar fotografías de los órganos sexuales de Michael, un acto humillante para cualquiera que incluyó algunas poses muy gráficas para conseguir buenas tomas que sirvieran en el juicio. Uno de los presentes cuando la policía le tomó las fotografías recuerda que le pidieron a Michael que se masturbara para conseguir una erección, ya que Jordan aseguraba que estaba circuncidado, y querían tener una visión general de su cuerpo excitado. Aquella experiencia fue traumática para Michael, llevándole incluso a tener arranques de violencia. Poco después grabó un vídeo para los medios donde pedía comprensión y no ser tratado como un criminal, asegurando su inocencia.
La posibilidad de enfrentarse a una pena de cárcel por uno de los peores delitos imaginables desató su afición por los calmantes, a los que se había vuelto adicto después de empezar a tomarlos tras las quemaduras que sufrió en la cabeza en el rodaje de un anuncio de Pepsi en 1984. Su dependencia fue tal que meses después de su espectacular concierto en Bucharest se quedó inválido y tuvo que cancelar el Dangerous Tour. Además de en sus amigos Elizabeth Taylor y Elton John (que llegaron al extremo de tener que alimentarle), Michael se volcó emocionalmente en Lisa Marie Presley, la hija de Elvis, que le vio como una criatura sensible y débil necesitada de cariño, un sentimiento que solía inspirar en todos los que le rodeaban.
Confinado en una clínica de desintoxicación, algunos contratos publicitarios de la gira, desaparecieron para que las marcas se viesen salpicadas por el escándalo, así que en lugar de recurrir a sus abogados, acudió a todos sus asesores financieros que le aseguraron que su imagen era un tren que tenía que estar siempre en movimiento. El padre de Jordan Chandler parecía interesado solamente en conseguir dinero (el personal de Michael se esforzó en aclarar que Chandler era un frustrado aspirante a guionista) y hasta se le grabó diciendo que podría sacarle “todo lo que tuviera”. Firmaron un acuerdo extrajudicial para evitar a ir a juicio por cerca de veinte millones de dólares, pero fue una de las peores decisiones de su vida, ya que quienes le aconsejaron solo buscaban el beneficio económico de la marca Michael Jackson, y no lo más conveniente para la persona. Para la prensa y gran parte de la opinión pública, pagar a alguien para no ir a juicio era como admitir la culpabilidad, algo que sería fatal para él una década más tarde.

Por entonces la prensa amarilla ya había convertido a Michael en algo más que un famoso excéntrico. ¿Qué le ocurría a su piel? ¿Dormía en una cámara hiperbárica para alcanzar la eterna juventud? ¿Se le había caído la nariz en mitad de un escenario? ¿Había intentado comprar los huesos del Hombre Elefante? Durante los ochenta, la idea de sus publicistas había sido que la gente hablara de él constantemente, como demuestra la idea de que Bad hubiese sido un dueto entre Jackson y Prince, y que hubiesen empezado con supuestas declaraciones de ambos cantantes criticándose duramente para dar publicidad a la canción meses antes incluso de grabarla. Pero a partir de ahora iban a ir más lejos, sin necesitad además al equipo del cantante para ello. Se cuestionó su conocida amistad con Macaulay Culkin, el joven actor de Solo en Casa, su relación con Elizabeth Taylor o la costumbre que tenía de llamar al reparto de Los Goonies cuando mantenía una amistad con Steven Spielberg. Y por si fuera poco, la vida de Jackson se convirtió en más extraña todavía cuando anunció por sorpresa su matrimonio con Lisa Marie Presley. Cuando contrajeron matrimonio, bajo un mismo techo se encontraban los derechos de los mayores artistas de todos los tiempos, pues ella era depositaria del legado musical de su padre y Michael había comprado gran parte del catálogo de Los Beatles unos años antes, lo que acabó su amistad con Paul McCartney. Lo que a muchos tabloides les pareció una cortina de humo para ocultar los rumores sobre la pedofilia o posible homosexualidad, fue según Lisa Marie algo sincero. Ella estaba enamorada de él y confesaría que llegaría a iniciarle en el sexo, algo que hasta entonces siempre había provocado a Jackson ataques de pánico y un llanto incontrolable. Pero de nuevo, la relación no podía ser del todo honesta. Quizá Lisa Marie buscaba algo parecido a la figura de su padre, y Michael tenía la capacidad de inspirar ternura y compasión sin límites. Cuando le conocían un poco, todos querían ser amigo suyo e incluso “salvarle” de su situación (Oprah afirmaría lo mismo). Pero la forma más fácil de describir una relación personal con Michael Jackson es la de una toxicidad aplastante donde los que le rodean quedan quemados por acercarse demasiado al Sol. El matrimonio se vino abajo dos años después cuando ella se dio cuenta de que no compartían en realidad una misma vida, sino que Michael tenía un montón de secretos, especialmente en el tema de los fármacos a los que continuaba siendo adicto. Su gira HIStory demostró que su ego había alcanzado un nivel incontrolable, y también que había perdido la sensación de frescura y originalidad. Todo tenía que ser más grande, más impresionante, y a la vez resultaba más forzado. Incluso grabaron un videoclip en el que aparecieron desnudos, como si intentaran dejar claro que Michael no era gay y mantenía una relación activa con una mujer de su edad. En los conciertos abusaba del playback y sufría grandes ataques de ansiedad tras los escenarios, algo que por otra parte no es tan extraño en muchos grandes cantantes. Tras unos intentos de rehabilitarle e incluso arrastrarle a la Iglesia de la Cienciología, Lisa Marie le abandonó cuando se dio cuenta de que los médicos que le prescribían drogas eran más importantes que ella y también cuando Jackson se obsesionó con una idea: la de tener sus propios niños. Incluso en mitad de una cena, él comentó que si Lisa Marie no se quedaba embarazada, una de sus enfermeras “le daría” un hijo sin dudarlo.
Michael contrajo matrimonio por segunda vez con Debbie Rowe, la asistenta de su médico personal. Por mucho que quisieran hacerlo pasar como un matrimonio fundado en el amor, la realidad es que se trató de una unión por conveniencia pensada para que Michael pudiese legalmente adoptar a los hijos de una madre de alquiler que fuera inseminada artificialmente. El nacimiento de Michael Jackson Jr, a quien conocerían como Price, fue un acontecimiento mundial donde de nuevo la prensa tenía mucho que decir. Como el niño resultó ser blanco, vieron la confirmación de que Michael renegaba de su raza, asegurando además que no era ni siquiera el padre biológico. Paris Jackson nacería un año después y el matrimonio con Debbie finalizaría rápidamente, mientras ella concedía un par de entrevistas donde aseguraría que lo hizo por “amor a Michael”, y porque estaba convencida de que “necesitaba tener hijos”. También declaró que le hubiese dado otro si él se lo hubiese pedido, tan convencida como solo alguien que ha quedado atrapada bajo el influjo de su personalidad.

Michael Jackson

El juicio contra Gavin Arvizo

En 2001, poco antes del nacimiento de su tercer hijo con una madre de alquiler cuya identidad se desconoce, Michael sacó Invincible, considerado un gran fracaso en su carrera, y el último disco que sacó en vida. En realidad lo que lastró al álbum fue la ausencia de la maquinaria habitual de Jackson formada por giras multitudinarias, videoclips y todo tipo de acuerdos comerciales. Sony no parecía estar muy interesada en apoyar artistas de su categoría porque con el nuevo milenio habían aparecido todo tipo de cantantes jóvenes como Britney Spears, que eran quienes atraían a los más jóvenes. El relativo fracaso no le sentó bien a Michael, lanzando campañas donde aseguraba que los ejecutivos de Sony eran diabólicos y estaban en su contra, pero lo que no se podía negar era que el Michael Jackson de 2001 no era el mismo que el de una década atrás. Las cirugías estéticas le habían dejado devastado e irreconocible. Incluso su madre, Katherine, había pedido a sus cirujanos que no trabajaran más en su nariz y se limitaran a ponerle un apósito y fingir que habían llevado a cabo la operación. Desde entonces, era un chiste común mencionar que la nariz del cantante era falsa, lo que según su autopsia demostró ser falso, aunque parece que hay un vacío a la hora de mencionar su tabique nasal y que sí habría necesitado constantes trabajos de reconstrucción, lo que explicaría la bizarra afición de Jackson por llevar mascarillas cuando salía a la calle, por mucho que durante los ochenta afirmara que lo hacía por timidez. Necesitado de un buen revulsivo, decidió que ya era hora de que todo el mundo le conociera, y para eso concertó una entrevista en profundidad con Martin Bashir, que había trabajado con Diana de Gales, una de las personas a las que más admiraba Jackson. Lo que no es tan conocido es que por aquellas fechas un joven periodista de la BBC, Louis Theroux, estaba intentando grabar un documental sobre él, pero para ello tenía que pasar algunos de los filtros más extraños del cantante: su amistad con el mentalista Uri Geller. El psíquico se decantaría finalmente por Bashir, lo que sería una de las peores decisiones de la vida de Michael y la constatación de que ahora, el cantante vivía completamente aislado y a merced de personas tan extrañas y manipuladoras como el hombre que afirmaba poder doblar cucharas con la mente.

Living with Michael Jackson buscó presentar de forma honesta la vida del cantante, incluyendo su relación con sus hijos, su visión sobre la música y la unidad familiar, o sus labores benéficas. Pero apoyado por un montaje algo sensacionalista mostró un ambiente decadente donde Michael se gastaba millones de dólares en jarrones y piezas del arte más hortera, o vivía en mitad de un imperio más similar a la corte de un rey que al séquito de un cantante pop. Los momentos más polémicos tuvieron lugar cuando Michael, bajo el efecto de la medicación y animado por el propio Bashir, empezó a tirar cojines firmados a los fans que estaban frente al hotel y acabó sacando a su tercer hijo, un bebé de unos pocos meses, que colgó sobre el vacío durante unos instantes.
Nada excusa el comportamiento de Michael en aquel momento, que se mostró como un desequilibrado que lo que menos necesitaba era tener una cámara frente a él y sí ayuda psicológica y desintoxicación. Al día siguiente, eran evidentes los ataques de ansiedad del cantante mientras daba un biberón a Prince Michael II, quizá preguntándose qué hubiese pasado si se le hubiese resbalado de las manos. Algunos defenderían a Bashir afirmando que su trabajo consistía en registrar lo ocurrido y otros le acusarían de ser un buitre más de los que rodeaban al autor de Thriller. Finalmente, el documental se centraría en la denuncia por abusos de 1993 y mostraría una de las amistades más íntimas de Michael, Gavin Arvizo, un chico de catorce años que aparecía sujetándole la mano y con la cabeza apoyada en el hombro de Michael mientras afirmaba lo mucho que le gustaba ser su amigo.
La imagen dio la vuelta al mundo como la confirmación de que Michael Jackson era una especie de Willy Wonka de la pedofilia que llevaba a los niños sujetos de sus pantalones, y dio al fiscal de California la oportunidad de procesarle por fin, una década después. El documental hizo tanto daño a la figura de Michael que él mismo se encargó de sacar dos programas donde limpiaba su imagen, uno presentando un montaje alternativo del programa de Bashir demostrando cómo el periodista se encontraba encantado por lo que veía en Neverland y otro donde compartía sus propias películas caseras.

En Noviembre de 2003, Michael se entregó voluntariamente a la policía, y una imagen de él esposado apareció en todos los telediarios, aunque salió de la comisaría poco después tras pagar una fianza de tres millones de dólares. En aquella ocasión era evidente que no se libraría del juicio. No habría ningún acuerdo y él ya no se encontraba en la misma posición que antes. Durante el proceso judicial pudo verse el rápido deterioro físico y mental de Michael. Tuvieron que ser meses horribles para alguien como él porque por primera vez su enorme riqueza y su séquito no estaban allí para protegerle. Cuando compró Neverland, el muro más grande no era el que bordeaba la propiedad sino el que construyó alrededor de sí mismo. Se aseguró de que cualquier problema legal fuese resuelto por sus abogados, de la misma forma que delegó muchas tareas en sus asesores, conocidos y amigos, que llegaron a controlar incluso quién podría acceder al cantante. Michael se había convertido en el nuevo Howard Hughes y vivía en una realidad completamente diferente a la del resto de la humanidad, pero un juicio por abuso de menores, donde se añadían además los cargos de conspiración y privación de la libertad de Gavin y su familia, era algo que no se podía resolver mediante intermediarios. La depresión, los dolores y su ansiedad culminaron en el día que alegó no poder presentarse al juicio, lo que amenazó con llevarle directamente a la cárcel si no aparecía en dos horas. Su abogado insistió en que le trajeran fuera cual fuese su estado y un Michael cadavérico, vestido en pijama y zapatillas, apareció en el juzgado sujeto por los brazos para mantenerse en pie. No era una actuación pensada para dar lástima, realmente el cantante estaba al límite de sus fuerzas. Algunos de los periodistas que estuvieron presentes en el juicio aseguran que el día del veredicto, estaba tan sedado que no llegó a enterarse de lo sucedido.

Michael Jackson fue declarado inocente de todos los cargos, en un proceso que recordó mucho al de O. J. Simpson, y como aquel, el sensacionalismo fue la principal fuente de información del público. La prensa continuó sacando rumores, informaciones parciales, mentiras descaradas y aseguraron que en realidad se había librado por falta de pruebas, no porque los hechos fuesen falsos. Pero por muchos supuestos testigos y víctimas que aparecieran, ninguno dio un testimonio fiable, ni siquiera el de Jordan Chandler, que aseguraba que Michael estaba circuncidado, cosa que fue desmentida tras su examen físico. Convertido en un freak a escala mundial y con Neverland víctima de un registro por parte de setenta agentes del FBI, Michael ya no sentía que aquel lugar fuese su hogar. Lo peor para él también tuvo que ser darse cuenta de lo solo que se encontraba en realidad cuando muchos de sus amigos, incluyendo algunas de las mayores estrellas del cine y la música, le dejaron tirado por miedo a que les salpicara el escándalo. Desde entonces, han aparecido rumores de que algunos de los grandes magnates del cine (donde jamás mencionan a Steven Spielberg por su nombre) son también aficionados a abusar de menores, algo que jamás ha sido confirmado y que parece ser el típico morbo amarillista. Solo Macaulay Culkin y Chris Tucker le defendieron, asegurando que la familia de Gavin Arvizo se había puesto en contacto con varios famosos para pedirles dinero antes incluso de conocer a Michael.

Últimos años

Michael desapareció de los Estados Unidos refugiándose en Barhein, donde vivió de la caridad de algunos grandes benefactores. A pesar de que seguía siendo rico, su posición financiera era muy débil y se le consideraba arruinado. Se decía que estaba acabado, pero en realidad, solo estuvo dos años ausente, hasta que a finales de 2008, tal vez necesitado de liquidez, empezó a pensar en un regreso. La forma más fácil de conseguir dinero era precisamente lo que más temía, pero firmó por diez conciertos en Londres que formarían parte de un nuevo espectáculo llamado This is It. Con cincuenta años, cuando subió al estrado para anunciar el show parecía más una leyenda viva más que una vieja gloria, y sorprende un poco ver lo joven que era en comparación con estrellas como Los Rolling Stones o Paul McCartney, que siguen dando guerra cuando hace tiempo que pasaron los setenta. Fue su última aparición pública. Michael moriría dos semanas antes de empezar los conciertos, hace hoy justo siete años.

El 25 de Junio de 2009, Twitter y Facebook colapsaron cuando empezaron las informaciones de que Michael Jackson había sido trasladado a un hospital víctima de un ataque al corazón. Cuando se confirmó el fallecimiento, las imágenes de su cuerpo amortajado trasladado en un helicóptero despertaron los interrogantes. La muerte fue provocada por una sobredosis de un sedante quirúrgico llamado Propofol, que el médico personal de Michael había estado utilizando para tratar el insomnio y la resistencia que había desarrollado a otro tipo de calmantes. La noche del 24 de Junio, el doctor Conrad Murray le administró una serie de drogas más suaves que no lograron hacerle dormir, y finalmente añadió una dosis que resultó ser letal. Michael moriría en menos de un minuto, aún con los ojos abiertos.
Lo más escabroso es comprobar que todos los acontecimientos están documentados y son de dominio público, incluyendo la llamada al servicio de urgencias y que ayudó a demostrar que la muerte de Jackson no solo fue fruto de una negligencia médica, sino que el comportamiento de su médico fue vergonzoso. Cuando Murray se dio cuenta de que Michael estaba muerto, salió a buscar al hijo de doce años del cantante para obligarle a ver cómo fingía resucitarle practicándole la reanimación cardiopulmonar en su cama, un procedimiento inútil ya que todos los médicos saben que las compresiones deben realizarse sobre una superficie rígida para que sean efectivas. También intentó que el equipo de emergencias que llegó a la mansión certificara la muerte en el hospital en lugar de allí, porque no quería que su nombre apareciera directamente relacionado con su fallecimiento.
Según los periódicos, los primeros resultados de la autopsia le describirían como un “esperpento politoxicómano” que sufría de todo tipo de enfermedades y apenas podía caminar, pero la realidad es que gozaba de buena salud para un hombre de su edad. Presentaba una ligera artritis en los dedos las manos, signos de sufrido de Lupus y tenía los pulmones inflamados, lo que le daba la razón a Michael cuando aseguraba que no podía respirar en ocasiones y que muchos achacaron a uno de sus ataques de ansiedad. El forense también confirmó la enfermedad causante de su piel sin pigmentación. De hecho, la decoloración de su cuerpo había llegado a tal extremo que había tenido que tatuarse las cejas, los labios y la línea del cabello, especialmente una parte donde presentaba una calvicie producto de las quemaduras en el famoso anuncio de Pepsi.

Meses más tarde, la organizadora de los conciertos sacó un film formado por los ensayos de la gira que no llegó a realizar y que mostraban a un Michael ágil, activo y entregado al espectáculo. Se puede ver una clara evolución conforme los ensayos iban progresando, haciendo que los dos últimos días de vida de Michael, éste pareciera desprenderse de las gafas y vistiera como una persona más o menos normal, sonriente y enérgica. Pero This is It también está muy llena de mierda, porque no nos dice que tras las cámaras la vida de Michael era un auténtico infierno y la gira peligraba cada día. Kenny Ortega, el director de los conciertos, enviaba mails asegurando que estaban muy cerca de tener que cancelar el espectáculo porque Michael se mostraba “como un niño perdido” incapaz de hablar, moverse o saber dónde se encontraba. Ortega aseguraba que aquella decisión destrozaría a Michael, pero que quizá sería lo mejor. El documental entonces no solo parecía una forma fácil de recuperar la inversión, sino que disfrazado de homenaje al cantante, AEG buscaba alejar de sí misma cualquier responsabilidad sobre lo ocurrido. Ya empezaban a correr informaciones de que habían aumentado a cincuenta el número de conciertos sin consultarlo previamente con él, lo que le había provocado nuevos ataques.

Michael fue enterrado en un cementerio privado, donde nunca más recibiría el acoso de los fans y los medios. Las visitas a su tumba están prohibidas, y Neverland se ha convertido en una ruina abandonada que se prepara para ser adquirida por nuevos compradores, que no buscarán crear una Graceland como le ocurrió a Elvis Presley. Siete años después, sus hijos han salido a la luz y han defendido a su padre asegurando que hizo todo lo posible por proteger su infancia de las cámaras y familiares hambrientos de dinero. Pero poco después de conocerse sus rostros, se convirtieron también en mascotas que la familia Jackson utilizó para “homenajear” a su padre allá donde iban. Unos paparazzis tomaron fotos del mayor de los niños en una piscina donde detectaron manchas en la piel muy similares a las de su padre. Eso parecería confirmar que sí era un hijo biológico del cantante y también que quizá la decisión de que sus hijos fuesen blancos la realizó para que el vitíligo no les afectase tanto si llegaban a desarrollarlo. Paris se convertiría en una celebridad en internet con millones de seguidores, e intentaría suicidarse dos años después y acabaría recluida en una clínica. Actualmente parece encontrarse bien. Meses después se descubrió que Jordan Chandler había denunciado a su propio padre por abusos después de que intentara matarle con una pesa de gimnasio, consiguiendo una orden de alejamiento. Evan Chandler se suicidaría poco después de un disparo en la cabeza. En internet apareció una supuesta nota escrita por el chico donde aseguraba que había mentido presionado por su progenitor, que buscaba solamente dinero, pero es falsa. Lo que sí es cierto es que el abogado de Jackson asegura que de haber ido a juicio, los testigos hubiesen tirado para atrás la historia de abusos sexuales porque Jordan les había asegurado que todo era falso.

La carrera de Michael Jackson puede catalogarse como meteórica, no solo por su rápida ascensión en solitario sino por la velocidad y destrucción con la que se vino abajo. Vistos ahora, muchos de los acontecimientos que salpicaron su vida parecen absurdos y claras invenciones de los tabloides británicos, pero pertenecían a una época en la que la prensa escrita parecía ser la verdad absoluta, por muy ridículas que fuesen sus declaraciones. De niño estrella a joven con gran talento, Michael contrasta con otros genios como David Bowie o Prince ya que Michael no sabía tocar instrumentos, sino que se consideraba a sí mismo un “entretenedor” más que un músico. Sus discos cambiaron de un pop ligero a auténticos panfletos donde denunciaba la discriminación contra los negros y desamparados (They Don’t Care About Us), o se mostraba como un hombre sensible agobiado por los supremacistas blancos (Ghost). Sin embargo por el camino nos entregó una serie de grandes canciones y todo un repertorio de vestuario inigualable, mientras rebasaba todo tipo de barreras culturales y raciales. Por eso sorprende tanto que tuviera que morirse para que la gente volviera a escucharle cantar y descubrir al ser humano que había tras el maquillaje, un hombre complejo, con graves carencias sociales, y que se había valido de su éxito para no tener que crecer o enfrentarse a la dura realidad. A pesar de lo que el Daily Mail publicó hace unos días, asegurando que el FBI había mostrado pornografía infantil requisada en Neverland en 1993, es poco probable que sea cierto. Las historias sobre libros llenos de niños que mantenían relaciones sexuales con adultos o bailaban con animales muertos parecen un reclamo fácil para este séptimo aniversario, pero nada se ha filtrado ni ha sido entregado a los medios. Si tenemos que hacer caso al jurado, Michael Jackson no abusó de ningún niño y su particular relación con ellos era más una mezcla de síndrome de Peter Pan e idealismo paternalista. Sí, afirmó que varios niños habían dormido en su cama y habitación, pero mucha gente no era consciente de que la “habitación” de Michael tenía dos pisos, varios cuartos de baño y un salón particular. En su cabeza, imaginaba ser una especie de ser bondadoso que dejaba a los niños desamparados disfrutar de todas sus riquezas, les daba galletas y les ponía música en la radio, pero eso no tenía cabida en un mundo cínico donde sabemos la clara distinción entre niños y adultos. En Neverland, Michael intentó realizar su propia fantasía personal de un padre amante que hacía todo lo que le hubiese gustado que Joseph hubiese hecho por él, lo que le convierte en una figura cada vez más trágica y solitaria.
Pero eso no quiere decir que fuese ignorante o no supiese muy bien qué estaba haciendo. En 1996, cuando se encontraba casado con Lisa Marie Presley, demostró mucha curiosidad sobre la vida personal de su suegro, que también había fallecido en circunstancias extrañas víctima del abuso de las drogas y medicamentos. En sus últimos años, Elvis no se parecía en nada al chico joven que había conquistado Norteamérica, y Lisa le contó cómo había descubierto el cadáver de su padre y cómo había presenciado su ruina personal. Fue en una noche de esas cuando, sentado a solas en mitad de Neverland, Michael miró a su mujer a los ojos y le dijo:
—Creo que yo acabaré igual.

@carlosmartin_

Para leer el artículo completo sigue el enlace El fin de Michael Jackson



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