Compartir una vida, compartir una casa. Aceptar los sueños del otro, levantarse el uno al otro después de los fracasos, de las desilusiones de la vida. Madurar y envejecer juntos. Formar un hogar. De esto trata Ático sin ascensor (5 Flights Up, Richard Loncraine, 2014).
La trama nos habla de cómo una pareja madura, Ruth (Diane Keaton) y Alex (Morgan Freeman), tiene que hacer frente al hecho de que la casa que adquirieron siendo un joven matrimonio ya no es adecuada para una pareja de su edad, pues como reza el título, no tiene ascensor. Su sobrina les convence de que lo mejor es vender el piso y comprar otro adecuado a sus necesidades. El problema es que tienen demasiados recuerdos felices en esa estancia y no es tan fácil dejarlos atrás. Así vemos una doble búsqueda, tanto de pisos que comprar como de posibles compradores para su vivienda, todo ello aderezado de momentos y personas muy diferentes, muy surrealistas y bastante cómicos.
La película es una comedia ligera que pretende que te encariñes de la pareja protagonista y, al mismo tiempo que ellos, descubrir qué puede tener de especial un hogar. Gracias a los actores, Diane Keaton y Morgan Freeman, que hacen una actuación comedida y entrañable, el objetivo principal se cumple. Ella está en su salsa, encarnando al tipo de mujer que lleva interpretando durante toda su carrera, una mujer divertida, inteligente, artista, llena de energía y enamorada de la vida. Él interpreta a un hombre amable, que se desvive por su mujer, pero que también está cansado de la vida y las personas que no son su mujer. Se trata de un hombre afable que saca demasiado al gruñón irónico que lleva dentro y al que los cambios no le gustan. Hay momentos en los que se le nota cómodo en el papel porque da la sensación de que, en realidad, no está interpretando ningún papel. Por otro lado, la química entre ellos dos funciona, y lo hace muy bien. Sí que te crees que llevan toda la vida como pareja, y a eso ayudan los flashbacks en la que dos actores desconocidos, Claire van der Boom y Korey Jackson, interpretan con mucha soltura a la versión joven de la pareja protagonista. En mi opinión, todo un acierto de casting. Luego tenemos también a los papeles secundarios que, en menor o mayor medida, aparecen en pantalla durante las visitas de puertas abiertas de varios de los pisos. Hay que destacar a las televisivas Cynthia Nixon y Carrie Preston como las insufribles y déspotas agentes inmobiliarias y a las que siempre es un placer ver.
La dirección de Richard Loncraine (Wimbledon, 2004) es correcta, sin más. El guión, escrito por Charlie Peters, es bastante sencillo, con la trama del piso como eje principal y la trama de la perra en el veterinario como secundaria. El problema es que hay momentos en que la intensidad de las tramas parece muy forzada y hace que el interés del espectador decaiga. Como ejemplo de esto tenemos la subtrama del presunto terrorista, que no sabría cómo definirla porque no lleva a ninguna parte y el espectador no siente ninguna preocupación por ella (estamos hablando de una comedia romántica) pero, en teoría, sirve como catalizador para la decisión final del protagonista, y digo en teoría porque no existe ningún cambio en la perspectiva del personaje y queda como una mera excusa para llenar metraje y provocar cierta moralina de respeto y comprensión hacia el prójimo. Como punto favorable y muy destacable, los flashbacks de la pareja protagonista están muy bien insertados y enlazados con lo que está pasando en su vida actual.
En definitiva, Ático sin ascensor es una comedia amable sobre la madurez de la pareja y la incertidumbre del cambio y la vejez. Al final, el amor, la madurez y los cambios son cosas que nos suceden a todos. Pero el principal motivo para sentirnos identificados es esa eterna querencia de un hogar propio y duradero, pues, como dice esa frase tan conocida, no hay ningún lugar como el hogar.
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