Amy (Asif Kadapia, 2015) nos cuenta la vida de Amy Winehouse, desde su primer contacto con la música profesional hasta el día de su muerte. De la mano de amigos, familia y por medio de declaraciones en entrevistas hechas por la propia Amy, vivimos todo el proceso desde el anonimato de una adolescente judía de las afueras de Londres a la superestrella acosada por las cámaras que nunca llegó a sentirse cómoda entre ellas. Por medio de videos caseros y canciones inéditas, conocemos un poco más a esta cantante y sus circunstancias.
Durante 128 minutos de documental aderezados con las canciones de la propia Amy, nos adentramos en la vida familiar e íntima de una joven con una familia disfuncional y unos padres que nunca supieron ponerle límites. A pesar de la amenaza de Mitch Winehouse (padre de la cantante) de demandar a los creadores de la película por retratarle como un padre ausente y el culpable de la drogadicción, alcoholismo y posterior muerte de su hija, el filme se nos presenta crudo y directo, quizá rozando en algunos puntos el señalar con el dedo pero, en general, retratando la vida de la joven cantante con objetividad entre las opiniones de sus amigos y familia expresadas con sus propias voces.
Si bien la drogadicción era una parte importante de la vida de la protagonista y, por tanto, ocupa una parte importante del metraje, por una vez no se nos retrata este tema como un problema aislado y banal reducido al «abuso por diversión» al que nos tienen acostumbrados los medios a la hora de hablar de personajes famosos. La drogadicción, el alcoholismo y todas las demás adicciones son mucho más que un mero consumo y mucho más que una afición que se nos va de las manos; tiene motivos sociales y familiares que la respaldan o la facilitan y eso es lo que vemos en esta película: toda la información desde el principio, la relación con su madre, que no le ponía límites, y con su padre, ausente toda su infancia y después casado con otra mujer.
Resulta curioso ver el camino que nos va trazando la historia: la espiral de decadencia unida parcialmente a figuras (sobre todo, masculinas) de la vida de la joven judía y, después, los rayos de sol, las remontadas, unidas normalmente a personas de su adolescencia e infancia. Añade también algo que rara vez se ve en el cine: una crítica firme al acoso de los medios, una visión clara de lo que es vivir acosado por los medios, una perspectiva de lo que es convertirse en el saco de boxeo público del que todo el mundo se ríe en televisión y que hace que el telespectador se ría en vez de preguntarse qué sentirá la persona afectada, convirtiéndonos a todos en el matón del colegio desde la seguridad de nuestras casas.
Por supuesto, no se puede hablar de Amy sin hablar de su música y hay que decir que quizá sea la parte mejor llevada del filme: la introducción de las canciones en la narrativa, la explicación de qué significaba cada una de ellas en el momento en que las compuso y cómo la letra refleja esa información que, quizá acostumbrados a las letras insulsas de muchos de los artistas actuales, ha podido pasarnos medianamente desapercibida durante estos años. Las canciones inéditas añaden información, sobre todo al principio, y no sobran, pero tampoco hacen que el espectador quiera ir a comprar un nuevo recopilatorio que las incluya.
En general, Amy es una película equilibrada y bien hilada, con apariciones de gran parte de la familia y amigos de la protagonista y el punto justo de grabaciones caseras. Es una mirada amable y tierna que trata a la protagonista con cariño y sin victimizarla. Si bien puede terminar por hacerse un poco larga al principio de la segunda mitad, el final es lo que tiene que ser y nos deja con ganas de darle un abrazo y de ayudarla a evitar lo inevitable.
The post Crítica de Amy. Mucho más que drogas appeared first on AS Geeks.
No hay comentarios:
Publicar un comentario