“Tres mil millones de vidas humanas se apagaron el 29 de agosto de 1997. Los supervivientes del fuego nuclear llamaron a aquel día ‘El día del juicio final’. Solo vivieron para hacer frente a una nueva pesadilla… la guerra contra las máquinas”.
En estas pocas palabras de Sarah Connor (Linda Hamilton) podría resumirse a la perfección la historia de la saga Terminator, que en sus ya cinco entregas ha girado siempre en torno a los mismo temas, siendo tal vez Terminator Salvation la única que intentó, con poco éxito, salirse del esquema. Treinta años han pasado desde que James Cameron nos presentara a Sarah Connor, madre del futuro líder de la resistencia y única esperanza de la humanidad; Kyle Reese, el soldado del futuro enviado por su propio hijo para proteger a su madre antes de su nacimiento; Skynet, el ordenador ahora convertido en inteligencia artificial y gran villano omnipresente del film; y, por último, a Arnold Schwarzenegger, el culturista de marcado acento austriaco al que el papel de Terminator le abrió las puertas a un Hollywood que pronto se rendiría a sus pies. Una de las sagas más famosas de todos los tiempos, que vivió su momento cumbre con Terminator 2: El juicio final, vuelve a los cines de la mano de Alan Taylor (Thor 2: El mundo oscuro, Juego de Tronos) en plena época de revivals.
La historia de Terminator Génesis (2015) continúa la línea argumental de las dos primera entregas (haciendo posible, tal vez, Terminator 3: La rebelión de las máquinas, y obviando por completo Terminator Salvation) y nos sitúa en el momento previo a la ofensiva final liderada por John Connor (Jason Clarke) que pondrá fin a la guerra iniciada por Skynet contra la humanidad. Parafraseando las líneas iniciales de El juicio final, Kyle Reese (Jay Courtney) narra los acontecimientos desde su infancia hasta convertirse en la mano derecha de Connor y nos presenta al salvador de la humanidad como una figura mesiánica que siempre va un paso por delante de Skynet. Siguiendo la línea argumental de las anteriores entregas, Skynet es derrotada y, como último movimiento, manda a un Terminator a través del tiempo para matar a la madre de John (el T-800 de Terminator) y por ello John se ve obligado a mandar a Kyle Reese para que proteja a su madre. Hasta aquí todo sigue el canon… ¿o no?
Realmente, no. Kyle Reese llega a un 1984 totalmente distinto al de Terminator, donde el primer cíborg enviado para asesinar a Sarah Connor es eliminado por una versión más envejecida del mismo y donde ésta ya no es la jovencita asustada que todos recordábamos. Es en esta primera mitad donde el film saca sus mejores cartas y el guión juega a la astucia desvinculándose del esquema de sobra conocido y presentándonos una revisión de momentos clásicos (la llegada del primer Terminator recreada plano a plano y con un Arnold digital que asusta de lo conseguido que está, o la famosa foto de Sarah Connor ahora con el rostro de Emilia Clarke) que juegan la baza de la nostalgia de una manera menos evidente que otras entregas de sagas noventeras que hemos visto recientemente (ejem, ejem, Jurassic World). Esta primera mitad que ronda los 40 o 50 primeros minutos de metraje presenta las ideas más jugosas de la película: la nueva línea temporal, Skynet de nuevo un paso por delante, el resurgir de Cyberdyne y una Sarah Connor que ha crecido junto al que debiera ser su enemigo mortal pero al que se refiere con el apelativo cariñoso de “El Abuelo”. Es precisamente esta última relación la que da alma a la entrega, la que captura un punto pequeño pero importante de los que más calaron de la aclamada Terminator 2, y que es la relación del hombre con la máquina, de la inocencia de John (Sarah en este caso) con el T-800 interpretado por Schwarzenegger. El anciano héroe de acción es consciente de que su tiempo ha pasado, de que es viejo, “pero no obsoleto”, y ello le permite volver a encarnar al legendario cíborg una (esperemos) última vez. Porque por mucho cariño y nostalgia que nos despierte el gigante austriaco y ex gobernador de California, hay algo contra lo que ni siquiera él puede luchar y que perjudica tanto a actor como a saga desde su segunda entrega y que acaba provocando que, en su segunda mitad, la película conduzca cuesta abajo y sin frenos: los tiempos han cambiado.
Pasado este umbral, la película se convierte en un producto del montón, cine de acción convencional, con todo lo malo que ello conlleva. Director y guión desaparecen y dejan lugar a un conjunto de clichés mil veces visto en los últimos cinco años donde los buenos huyen de los malos sin pararse a pensar un segundo en por qué lo están haciendo. Terminator Génesis te la juega y te quita en un segundo todo lo que te había prometido hasta entonces, lo que unido a una campaña promocional pésima, en el sentido de que quien haya visto algún cartel o algún spot televisivo conocerá de antemano el giro de guión más importante de la película, baja el nivel del producto final al de mero entretenimiento prefabricado. Y no solo se queda ahí, porque una vez retirada esta máscara empezamos a verle las costuras en forma de líneas temporales que no cuadran, personajes secundarios que aparecen y desaparecen sin aportar nada al conjunto (un J.K. Simmons totalmente desaprovechado), un Skynet de opereta y una crítica a las nuevas tecnologías metida con calzador. Llegados a este punto, el final se presenta como un alivio ante la incapacidad de la película de lograr una catarsis plena en el espectador y como un sufrimiento ante la intención profundamente manifiesta de continuar la saga con todos los retazos de guión que no se llegaron a usar en esta ocasión (y no en vano, tanto director como guionistas han admitido que muchas de las ideas para esta película acabaron en el tintero de cara a una continuación).
En resumen, es una auténtica lástima que Terminator Génesis nos quite el caramelo de la mano cuando lo estábamos empezando a desenvolver y una pena que la película no tenga los bemoles necesarios para terminar de construir una entidad propia. Si obviamos la secuencia post-créditos estaríamos ante un final de saga que cierra completamente el círculo (una vez más) y que no necesitaría de ninguna secuela adicional. Pero la taquilla manda, y será ella la que decida si la historia continúa. En 2019 los derechos de la franquicia vuelve a James Cameron y entonces será él quien decida qué hacer con ella, pero por nuestra parte ya hemos visto todo lo que debíamos y queríamos ver. El Día del Juicio Final llegó, Skynet venció y John Connor salvó a la humanidad.
Sayonara, baby.
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