Tarantino es un director con una trayectoria muy larga que con el tiempo ha ido configurando un lenguaje particular en sus películas. Existen una serie de elementos que se repiten y que hacen reconocible una obra suya en cuanto la vemos. Esta cualidad en su cine, entendiendo el cine como un género artístico, corre el peligro de producir obras que adolecen de autocomplacencia o que se reducen a un mero dispositivo para recaudar fondos dándole al público lo que espera ver, creando un tipo cine que deja de sorprender para desembocar en una marca. Tal vez en el caso de Tarantino aún no se llega a este extremo, pero se aprecia cierta tendencia hacia ese camino.
Esta repetición también se extiende a la elección de los actores que participan en el rodaje: vemos caras conocidas que no podían faltar. Se crea, como en tantas otras ocasiones, una simbiosis entre actores y director cuya ruptura resulta difícil de concebir. Los actores participantes son Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Jennifer Jason Leigh, Walton Goggins, Demian Bichir, Tim Roth, Michael Madsen y Bruce Dern.
Cabe preguntarse qué grado de sinceridad desprende la nueva película que nos presenta en esta ocasión. Podría considerarse como una síntesis de todo su cine anterior donde han quedado recogidas las pequeñas historias que se salen de la línea argumental (Pulp Fiction), la narración fragmentada en capítulos (Four Rooms) con saltos hacia atrás y adelante en el tiempo (Reservoir Dogs) y la violencia gratuita con sangre a borbotones (Kill Bill). No faltan las alusiones al cine de serie B, del que Tarantino es un confeso seguidor: la cabaña donde se desarrollan las escenas de interior recuerda mucho a la película Posesión Infernal (Evil Dead) de Sam Raimi.
No obstante, ni con toda esta riqueza de elementos evita que la primera hora de metraje se vuelva por momentos cada vez más lenta y pesada. Pasado este tramo hay un punto de inflexión en el que los personajes empiezan a sangrar cual aspersor de jardín, para alivio y divertimento del espectador que puede en ese momento respirar en su butaca, tras comprobar que efectivamente el color rojo va a ser el predominante en los fotogramas que se sucederán hasta el final.
Los odiosos ocho muestra a personajes odiosos que se comportan de forma odiosa y que generan odio en el espectador, con sus conductas racistas y violentas.
La elección del género western tiene una peculiaridad muy llamativa: la nieve sustituye a la arena del desierto. Esto supone una voluntad de navegar contracorriente que es de agradecer: la ventisca es el elemento clave que hace posible el desarrollo de la historia al ritmo de la música compuesta por Ennio Morricone.
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