sábado, 13 de junio de 2015

Cine Geek

Dice el tango que veinte años no es nada… Si uno viera hoy mismo Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993) se atrevería a apoyar a ciegas dicha sentencia, y es que, en plena época de atiborramiento digital donde parece que ya nada podría sorprender a la platea, la primera y mítica película de la saga jurásica (y cretácica) mantiene su espectacularidad vigente gracias a la audaz e irrepetible mezcla de ordenador y artesanía animatrónica que creó ese genio de los efectos visuales llamado Stan Winston, quien nos dejó en el año 2008. Tampoco ha envejecido nada mal El mundo perdido: Jurassic Park (1997), la estupenda e infravalorada secuela que dirigió Spielberg, siendo ésta además la última que tenía como base las páginas literarias del famoso novelista Michael Crichton. Las dos siguientes secuelas, tanto la despreciada (y ligeramente reivindicable para quien escribe estas líneas) tercera parte como el reboot recién estrenado, ya no han contado con Spielberg detrás de las cámaras, aunque la dupla Amblin/Universal se ha mantenido fiel e impertérrita. Tras muchos años dando tumbos por Hollywood y alentando un sinfín de rumores, la cuarta entrega llega a la cartelera generando no pocas expectativas e, incluso, ciertas reticencias a colación de un tráiler que no resultaba plenamente convincente. Tampoco parecía un valor seguro (ni esperanzador) la decisión de designar a Colin Trevorrow, debutante en esto del blockbuster y con sólo un film en su currículo, para la realización de la película. Sea como fuere, a partir de hoy todos los cinéfilos (o todos los espectadores) del mundo podrán salir de dudas, y en los siguientes párrafos un servidor tratará de desgranar las virtudes y defectos que se entremezclan en este esperado regreso.

Jurassic World

Mitad secuela tardía (14 años han transcurrido desde el estreno de la última entrega, y 22 en la ficción tras los sucesos de la cinta original), mitad reinicio de franquicia (sólo repite un personaje, y es mucho menos que secundario), Jurassic World (2015) se sitúa en una aproximación al parque temático (o reserva biológica) que soñó John Hammond en la Isla Nublar. Todo ha funcionado con “normalidad” durante años hasta que, claro, los mandamases del parque han dado un paso más en su particular juego a ser Dios creando un dinosaurio híbrido más inteligente y peligroso de lo que habrían deseado. Cuando se escape la temible criatura, el caos y el terror reinarán una vez más en la isla. Y el espectador tan contento. Parafraseando al bueno de Hammond, el espectáculo no repara en gastos, aunque no evita quedar atrapado en la fórmula (visual, narrativa) más convencional de la típica franquicia rompetaquillas, en la que no se vislumbra estilo tras las cámaras ni demasiada innovación delante de ellas. Su guión, falto de chispa aunque con algunos golpes de humor estupendos, apenas se aventura más allá de lo esquemático y, lamentablemente, no depara demasiadas sorpresas para quien haya visto el tráiler, conozca mínimamente la trama o sepa, en fin, de qué va todo esto. Tampoco Trevorrow se muestra contundente desde su silla de director, cumplidor pero sin brillo (salvo detalles puntuales) y, al contrario que en la trilogía precedente, aquí apenas hay personajes que superen el arquetipo y nos conquisten con su carisma (no se exige tampoco otro Ian Malcolm), y no es suficiente con que Bryce Dallas Howard y Chris Pratt tengan química entre ellos. Por ahí también pulula la nueva atracción asesina, el fiero Indominus Rex que funciona mejor como concepto, sobre el papel, que llevado a la práctica sin total aprovechamiento de sus cualidades, pero que nadie se lleve a engaño: los auténticos reyes de la función vuelven a ser los velociraptores y, cómo no, el Tiranosaurio, cuya aparición será (o debería ser) rabiosamente aplaudida.

Jurassic World

La vida se abre camino una vez más, pero la magia que recorría las dos primeras películas y que desapareció en la tercera no se recupera, aunque la bienvenida al parque, al son de la inolvidable y por siempre tarareada música de John Williams, grabada en plano secuencia, hará vibrar al fan, prometiendo más de lo que finalmente da. Lo que sigue es un entretenimiento competente saturado de guiños cómplices que a menudo se agradecen, algunos poco sutiles, es cierto, pero otros muy simpáticos (el libro de Ian Malcolm desenfocado en primer plano). Hay mucho respeto a la saga y sus iconos, y se percibe el amor de sus artífices a lo que es (y significa) Jurassic Park en la memoria colectiva y en la cultura popular, pero estos sentimientos también coexisten con un exceso de prudencia y escasez de imaginación e inventiva. Pese a todo, el disfrute va in crescendo hacia un clímax final que le deja a uno bastante satisfecho, siguiendo una máxima más que loable y arriesgada: cuanto más presumiblemente ridícula y cafre se vuelve, más segura se siente y más satisfactoria y emocionante resulta. Finalmente, la sensación que impera al salir de la sala, aun dando la impresión de que volveríamos encantados a visitar este singular y peligroso parque temático, es la de estar ante otro capítulo de la saga, sin más.

Jurassic World

The post Crítica de Jurassic World. Parque indómito appeared first on AS Geeks.

No hay comentarios:

Publicar un comentario