martes, 29 de marzo de 2016

Cine Geek

El cine ha cambiado. Cuando hace unos años Marvel irrumpió en el panorama con su Universo Cinematográfico cambió para siempre lo que serían las reglas del juego en el mundo del blockbuster, de las sagas y del marketing en todas las compañías rivales. Desde entonces, todas han intentado emular el plan maestro de la casa de las ideas lanzando su propio universo compartido, su propia matriz de películas interconectadas entre sí una vez comprobado el éxito en aquel mastodonte de película que fue Los Vengadores (Joss Whedon, 2012). No sin cierta demora, el rival por excelencia de Marvel ha salido a la palestra con su propia propuesta de universo cinematográfico, una propuesta que juega una estrategia distinta desde lo general hasta lo particular y que si en El hombre de acero (Zack Snyder, 2013) mostraba sus intenciones, con Batman v Superman: El amanecer de la Justicia echa toda la carne en el asador y busca su propia identidad, su propia marca de agua que la separe de su principal competidor, y lo hace. Nos podrá gustar más o menos, pero lo hace.

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Batman v Superman retoma la acción dos años después del final de El hombre de acero. Superman se ha convertido en un símbolo de divinidad, en un segundo advenimiento, en un dios contemporáneo que ha cambiado el mundo. La mitad de la gente lo ve como un salvador, la otra mitad lo desprecia por ser de otro planeta, los medios lo ven como la noticia más grande de todos los tiempos, y un multimillonario que lleva veinte años luchando contra el crimen disfrazado de murciélago lo ve como la mayor amenaza a la que se ha enfrentado el mundo. Bruce Wayne (Ben Affleck) ha contemplado impotente la destrucción de Metrópolis y ha comprendido el peligro que puede suponer el poder desmedido y sin control. Para él, la posibilidad, por pequeña que sea, de que Superman pueda destruir a la raza humana con solo planteárselo es suficiente como para querer contener y destruir a ese alienígena, a ese ser que ha llegado a nuestro planeta y le ha dado la vuelta. La presencia de Batman ejerce de perfecto contrapunto a la de Superman: ambos son las dos caras de una misma moneda, no se soportan y están abocados al enfrentamiento, por lo que mientras Clark Kent intenta convencer a Perry White (Laurence Fishburne) de que Batman es un tirano que no respeta las libertades civiles, Bruce Wayne discute con Alfred (Jeremy Irons) sobre la necesidad de matar a Superman. Este enfrentamiento de dos arquetipos, de los dos superhéroes más famosos de todos los tiempos, es lo que cimienta el conflicto principal de la película, el factor humano y conflicto argumental más poderoso que, sin embargo, no se olvida de un hecho fundamental: esto es una película de acción y queremos ver tortas.

Zack Snyder lleva un tiempo demostrando dos cosas en este aspecto: la primera es que es un prodigio de la dilatación temporal; la segunda, que si no tiene un camino fijado por un buen guion es un completo desastre en todo lo demás. Si en 300 este defecto se disimulaba en la delicia visual sin pretensiones que tenía el film, en Watchmen las costuras empezaron a notarse al enfrentarnos por primera vez a lo que era algo así como el “anti-cine”. Watchmen cómic y Watchmen película tenían la gran diferencia de que en la segunda no podías simplemente dejar de leer, sino que estabas obligado a tragarte las casi tres horas que en su versión más corta alimentaban el metraje. En Batman v Superman pasa un poco lo mismo: la película es larga, es intensa, quiere contarte muchas cosas y te pide que te dejes llevar, por lo que tú, espectador, has de entrar en su juego desde el primer momento o corres el riesgo de expulsar el cerebro por la nariz. Si le llevas la contraria, si esperas ver otra cosa, si esperas ver Marvel (y por favor, procurad no caer en la absurda disputa de Marvel vs DC), la película te va a dar una patada en la boca y no te va a gustar, porque esta declaración de intenciones a la que hace referencia el “amanecer de la justicia” del título se deja ver alejada de secuencia post créditos (que no hay) y en mitad de la película, lo que sin duda puede causar en más de uno, sobre todo de aquellos no conocedores del cómic, una sensación de: “¿Pero que narices acabo de ver?”.

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El cúmulo de personajes y tramas, porque no hay que olvidar que por el film también se pasean Wonder Woman/Diana Prince (Gal Gadot), Lois Lane (Amy Adams) y el villano Lex Luthor (Jesse Eisenberg) evidencia de nuevo esta problemática en tanto que sus apariciones se tienen que solucionar mediante cabriolas de montaje y omisiones sacrificadas en favor del ritmo narrativo que, sin embargo, son necesarias dado la marcha a la que avanza la película. Es preciso señalar que este atropellamiento puede tener mucho que ver con la casi media hora de metraje eliminado de la versión en salas, y que podremos ver en la futura edición doméstica, pero supone el principal punto flaco de la aventura de nuevo por forzar al espectador a un ritmo al que no está acostumbrado (especialmente en su primera mitad) y que repercute negativamente en la narración. No todo es, sin embargo, malo y hay que tener en cuenta el gran reto que suponía esta película ya de partida y que no era otro que la tarea de servir como secuela de El hombre de acero, de preámbulo para la futura Liga de la Justicia, de presentación para las películas en solitario y como relanzamiento del personaje de DC que más éxito ha tenido en salas esta vez alejado de las meticulosas manos de Christopher Nolan. El Batman de Ben Affleck aprovecha el bagaje del personaje ya visto anteriormente y sin formar parte de la misma continuidad lo usa para mostrar a un Caballero Oscuro hastiado, mayor y que no duda en llegar a extremos antes nunca vistos. Las referencias al cómic de Frank Miller son evidentes en un Batman que lleva sobre sus hombros la estructura más pesada del film a través de un Affleck igual de experimentado y resabiado que calla todas las bocas que un día dudaron de él, dándonos por fin lo que Nolan no nos quiso dar: no a Bruce Wayne con traje de Batman sino a Batman. Igualmente callando bocas aunque, y con unas expectativas previas casi igual de bajas, está una Gal Gadot que se convierte en una auténtica robaescenas y cuyo papel de princesa amazona deja la miel en los labios de cara a la futura película en solitario que veremos tras el próximo gran estreno de DC que es Escuadrón Suicida (David Ayer, 2016). Por su parte, Henry Cavill vuelve a estar acertado en su Superman, esta vez beneficiado por un guión más sólido que presenta al último hijo de Krypton como lo que es, un ser todopoderoso y confuso que entiende que nunca se puede ser un héroe para todo el mundo.

Por tanto, Batman v Superman: El amanecer de la justicia es un paso de gigante en la constitución del universo cinematográfico de DC con todo lo que ello supone para una criatura de estas características que se encarga de plantar unas semillas que pueden germinar en proyectos en solitario realmente interesantes. Con un plan opuesto al de Marvel, DC y Warner ya han presentado su estrategia y el público deberá decidir si le gusta o no, pero para aquellos dispuestos a diversificar en lo que hasta ahora era prácticamente un monopolio por parte de Disney no podría haber llegado esta película en mejor momento. Las campanas ya no pueden desdoblarse.

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