sábado, 8 de agosto de 2015

Cine Geek

A estas alturas, que una saga que se inició en 1996 llegue a su quinta película casi veinte años después no supone ninguna sorpresa si tenemos en cuenta el aluvión de “secuelitis” que estamos viviendo y que, sin ir más lejos, nos ha dejado solo este año un Mad Max 4,  un Jurassic Park 4 o una Terminator 5, de entre las cuales solo la primera ha resultado ser una sorpresa agradable. El caso de Misión Imposible es algo más peculiar ya que se trata de una saga que rozó el cielo con su primera entrega y pisó los infiernos cuatro años más tarde con una secuela que parecía haber herido de muerte a la franquicia. Sin embargo, el lavado de cara que ofreció J.J. Abrams en su Misión imposible III ha logrado que Ethan Hunt llegue a su quinta entrega en una forma muy envidiable.

nación secreta

Misión imposible: Nación secreta (Christopher McQuarrie, 2015) retoma la acción donde lo dejaba Protocolo Fantasma (Brad Bird, 2011). Ethan Hunt (Tom Cruise) sigue al pie del cañón junto a su equipo de élite hasta que desde la CIA se empiezan a cuestionar si la actividad del FMI (Fuerza de Misión Imposible, no confundir con las siglas del terror) no se sustenta únicamente en la suerte más que en la verdadera profesionalidad de sus agentes. De este modo, y tras la aparición en escena de una organización malvada conocida como El Sindicato, Ethan Hunt pasará a ser considerado una vez más un fugitivo operando al margen de cualquier tipo de ley. Si bien el punto de partida de la acción se vuelve a repetir, el guión es lo suficientemente hábil como para disimular que te está contando la misma historia otra vez a través de golpes de efecto que estallan desde el mismo momento en que Ethan acude a la tapadera de turno a conocer los datos de su próxima misión, solo para descubrir que el Sindicato ya va un paso por delante de él. De este modo, asistimos a una quinta entrega que, en unos de esos casos como el de X-Men: Primera Generación (Matthew Vaugh, 2011), es capaz de reinventarse a sí misma sin necesidad de recurrir al reboot, de modo que es capaz de parecer fresca sin arrastrar el lastre de las películas a sus espaldas, y es que Misión imposible: Nación secreta derrocha frescura por todos sus poros, una frescura que se materializa en secuencias de acción fluidas, justificadas y rodadas con un excelente pulso narrativo (la secuencia de la ópera con los tres francotiradores es de lo mejorcito, al nivel de la secuencia inicial de Jack Reacher -Christopher McQuarrie, 2013- que involucraba, coincidencia o no, también a un francotirador), secundarios a los que se les saca el suficiente partido como para poder permitirse el lujo de contar con Vingh Rhames, más allá del simple cameo y que su presencia quede justificada, o que directamente ascienden en importancia, como es el caso de Simon Pegg y su Benjie, que pasa a convertirse en el sidekick de Hunt durante gran parte del metraje.

nación secreta
Pero más allá de los secundarios, esta entrega apuesta por dos figuras clave que habían venido flojeando desde tiempo de De Palma: el villano y la chica. Del primero decir que se trata quizá del villano más carismático de la saga y al más puro estilo Bond (antes de que la franquicia se volviera sofisticada y elegante), interpretado por un Sean Harris que hace de su interpretación vocal y gesticular una figura carismática, tan poco amenazadora a nivel físico como aterradora a nivel intelectual y el perfecto contrapunto para el personaje de Cruise. En cuanto a la segunda, es sin duda el mejor personaje femenino visto en la saga y el mejor personaje femenino visto este año en un blockbuster desde la Furiosa de Mad Max: Furia en la carretera (George Miller). Rebecca Ferguson no se limita a ser una cara bonita de medidas perfectas que queda bien en pantalla luciendo pierna mientras sale de un lamborghini, al contrario, la actriz tiene el carisma suficiente como para hacer atractivo a su personaje de modo que te intrigue saber quién es, por qué actúa como actúa y si va a sobrevivir en su juego de espionaje. Ilsa Faust es un personaje fuerte, que luce pierna mientras desarma y tumba a un sicario o mientras se prepara para un tiro mortal, al que no le tiembla el pulso a la hora de disparar y que es capaz de engañar tanto a Ethan Hunt como al temible Solomon Lane. Cruise ha sido muy inteligente a la hora de rodearse de buenos secundarios salidos aparentemente de la nada o redescubiertos en el terreno de la acción como fue el caso de Andrea Riseborough en Oblivion (Joseph Kosinski, 2013) o Emily Blunt en Al filo del mañana (Doug Liman, 2014) y cederles protagonismo suficiente dejando de lado su estatus de estrella. Es obviamente Cruise el que actúa como reclamo publicitario, pero el resto de actores no se dedican a pulular a su alrededor sino que ayudan al protagonista tanto dentro como fuera de la pantalla.

En definitiva, Misión imposible: Nación secreta ejemplifica todo lo que una secuela debería ser y se convierte en una rara obra con más pros que contras, entretenida de principio a fin y que conserva los elementos conocidos por todos al mismo tiempo que aporta elementos nuevos que la diferencian de sus predecesoras. Con una sexta entrega ya confirmada y batiendo récords en Estados Unidos, parece ser que la misión imposible de que una saga que en su quinta entrega no adolezca de cansancio y pereza ha sido completada con éxito. En cuanto a Tom Cruise, a sus 53 años el actor sigue en plena forma y cada año nos regala pequeñas joyas que seguir disfrutando frente a una pantalla de cine: podrá decirse lo que quiera de él fuera de la pantalla, pero dentro es uno de esos profesionales de los que cada vez quedan menos en Hollywood y que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Bien jugado, señor Cruise.

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