sábado, 9 de enero de 2016

Cine Geek

Una vez más, una película de David O. Russell se convierte en firme competidora para las grandes entregas de premios de la industria cinematográfica. Por ahora Joy (Joy, 2015) tiene dos nominaciones a los Globos de Oro, a Mejor Película de Comedia o Musical y a Mejor Actriz de Comedia o Musical. El apoyo de la crítica lo tiene y con esta historia de superación también tendrá el del público. ¿Qué nos trae esta vez O. Russell?

Joy (1)

Joy nos cuenta la historia de una joven madre, Joy (Jennifer Lawrence), una mujer con una creatividad desbordante a la que renuncia siempre por su familia. Cuando se ve superada por las circunstancias de la economía familiar, decide fabricar un invento para el hogar, y para sacarlo adelante tendrá que luchar con sangre, sudor y lágrimas. Asistiremos mientras a dramas familiares, envidias, medias traiciones, amores y desamores desde un punto, si no cómico, al menos desenfadado.

La historia es en realidad la búsqueda de Joy por reconectar con esa niña que fue, a la que su abuela animaba a hacer realidad sus sueños. Joy quiere volver a tener pasión por algo y dejar de estar atada a un mundo anodino en el que no es feliz. Es la voz de la abuela la que nos guía por la vida de Joy, dando énfasis en distintos momentos de su vida y permitiéndonos como espectadores conocer el porqué de las decisiones de la protagonista. El guión enlaza muy bien todos esos flashbacks con la historia en el presente y nos enseña la niña interior de Joy, niña que termina siendo tan protagonista como la Joy actual. Tenemos también varias escenas oníricas en las que el personaje de Joy entremezcla sus vivencias con las escenas de un culebrón americano a la que su madre dedica su existencia. Este culebrón, que es de hecho con lo primero que abre la película, establece un paralelismo entre su propia protagonista y Joy, mujeres que están en el centro del problema (normalmente por causas externas a ellas) y tienen que superarlo. Así pues, el guión establece un buen ritmo, fluye por el devenir de la situación y conmueve. Pero, en mi opinión tiene el inconveniente de que sus golpes de efecto al final son tantos que parece que el guión está hecho para que la estrella de la película no deje de brillar ni un solo momento.

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Porque, sí, la película es Jennifer Lawrence. Ella es la estrella absoluta y el film es para su lucimiento. Si bien es cierto que cuesta verla como una mujer más mayor de lo que en realidad es la actriz, termina por conseguirlo. Lawrence es de esas actrices que tienen una fiereza en la mirada, una determinación férrea que hace que te creas a sus personajes, que te conmuevan. Jennifer Lawrence hace que Joy tenga alma. El resto del reparto está formado por Robert De Niro, haciendo el papel de un padre socarrón; Isabella Rossellini, novia del padre y socia capitalista del invento de Joy; Bradley Cooper, como un magnate de la televenta; y Edgar Ramírez, como amigo/ex-marido de Joy, entre otros. Todo el reparto cumple de sobra como contraparte a Jennifer Lawrence y esto es gracias a la dirección de David O. Russell, cuya mejor baza es precisamente la dirección de actores. Es un realizador que no se la juega con grandes planos ni grandes filigranas de cámara y es porque sus historias son sencillas, amables y naturales y esa naturalidad la consigue a través de los actores. Que todos se sientan cómodos, que haya armonía, que de hecho parezcan una familia y ninguno se dispute un puesto interpretativo que no es suyo es lo más destacable de la realización de O. Russell. Destacaría también su forma de hacer primeros planos, bastante bella e intimista centrándose en las miradas.

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