jueves, 4 de junio de 2015

Cine Geek

El thriller proveniente de los países nórdicos está (otra vez) de enhorabuena. No son pocos ya los títulos notables (bien por calidad -la mayoría- o por repercusión) que han venido del frío en los últimos años: las trilogías de PusherMillennium, Headhunters, Reykjavík-Rotterdam, Dinero fácil, las sagas de Varg Veum o Los crímenes de Fjällbacka… y la lista continúa. Un hecho da verdadera consistencia a esta afirmación, y es que en Estados Unidos unos pocos ya han sido objeto de remakes (el Millennium de Fincher o Contraband, adaptada por el protagonista del original islandés) o bien algunos de sus artífices han sido fichados por Hollywood. No hay que olvidar que este boom cinematográfico surge a raíz del empuje del noir nórdico impreso, con la exitosa saga literaria de Stieg Larsson a la cabeza. En esta última década se ha hecho fuerte, y uno de sus mayores alicientes reside en la manera en que viene a desmontar el mito de la idealidad social reinante en los países del norte de Europa, estando soterradamente presente en ellos la corrupción y el crimen, conformando así una cara tan poco amable y desconocida como sorprendente y necesaria. Sea como fuere, aquí aterriza en España (con dos años de retraso) otra película que sumar a dicho movimiento, y encima como obra mayor del mismo. Se trata de Misericordia (Los casos del departamento Q) (Mikkel Nørgaard, 2013), que, obviamente, es una adaptación de una serie de novelas policíacas escritas por Jussi Adler-Olsen. En esta ocasión, es la cinematografía danesa quien se apunta el tanto, y Nørgaard, conocido entre otros trabajos por ser uno de los directores de la aclamada serie Borgen (2010-Actualidad), el nombre que salta a la palestra.

Misericordia (Los casos del Departamento Q)

Desde la primera secuencia, que te clava en la butaca, Misericordia ya nos hace pensar en Seven (David Fincher, 1995), aunque por fortuna prevalece la sensación de estar ante una película con un estilo y una personalidad propios. Lo que viene después es una historia oscura y retorcida que gira en torno a un caso de suicidio aparentemente resuelto años atrás, reabierto por la tozudez de dos policías en horas bajas cuyas vidas (y carreras profesionales) confluyen repentinamente en la oscuridad del Departamento Q, una suerte de confinamiento temporal en pos de la jubilación forzosa mientras clasifican casos cerrados. Más allá de su deber, y en oposición a sus jefes, indagarán sin descanso hasta verse envueltos en una trama más turbia y compleja de lo que indicaba su cerrado expediente. No conviene desvelar demasiados detalles de la trama porque, aunque en el fondo (y al final) sea más bien sencilla, hay bastante espacio para la sorpresa detectivesca. Así pues, el encargado de hilvanar esa historia entre variopintos diálogos, giros y descubrimientos fue guionista de la mencionada Millennium, algo que se nota en el transcurso de la narración sin llegar a influir de manera alguna en la misma, entre otras cosas porque es evidente que Nikolaj Arcel carece en esta ocasión de la presión que ejerce la espada de Damocles que hacen pender millones de fans modelo best seller. Es por tanto una adaptación más relajada y personal, aunque sería injusto no decir que, probablemente, ya hemos visto esto antes. Sin embargo… ¿dónde está el problema cuando asistimos a un thriller tan vibrante, tenso y entretenido como éste?

Misericordia (Los casos del Departamento Q)

La textura visual del film remite al cine de David Fincher, lo cual también es extrapolable al tono frío y sórdido que emplea y a la innegable fuerza que se oculta detrás de las cámaras; en ese sentido no se me ocurre mejor halago posible a la hora de analizar una obra de género como ésta. Hay ritmo, ocasionales y perturbadores acercamientos a la claustrofobia, la dupla protagonista tiene química dentro y fuera de la pantalla y la historia avanza sin desfallecer hacia un clímax que cabría denominar, coloquialmente, como “de morderse las uñas”. Quizá al final no sea ni más (ni por supuesto menos) que un ejercicio brillante y muy respetable antes que un trabajo memorable, pero resultan irreprochables su contundencia y su talento, así como enérgica es la siguiente conclusión: genera cierta adicción por ver más tiempo a esta especie de extraña pareja en acción. Es el principio de una saga, de un nuevo serial policíaco nórdico, y esto promete. El próximo capítulo, Profanación (2014), que se estrenará en tan sólo cuatro semanas, reúne de nuevo al mismo director y al mismo reparto en un nuevo caso. Al menos un servidor lo espera con ganas.

Misericordia (Los casos del Departamento Q)

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