En plena campaña de promoción de Spectre Daniel Craig prendió la mecha al declarar que estaba harto de James Bond, pero harto, harto, y es que el actor, a sus casi 50 años, lleva ya una década al servicio de su majestad, desde aquella primera encarnación en Casino Royale (Martin Campbell, 2006) que redefinió lo que sería el nuevo Bond. Un nuevo Bond que surgía a raíz de lo que trajo el nuevo siglo en el cine de espías de la mano de Jason Bourne y que tenía como objetivo dejar de lado el tono casi paródico de las últimas entregas de la era Brosnan y hacer borrón y cuenta nueva presentando los primeros años del personaje como agente 00. Martin Campbell dio en el clavo con aquella película en la que nos mostró a un Bond violento, pero al mismo tiempo vulnerable y más alejado del estereotipo perfecto de antaño. Este logro se fue al garete con la siguiente entrega Quantum of Solace (Marc Foster, 2008), lo que unido a la bancarrota de MGM casi manda al agente a su retiro definitivo. Con Skyfall (Sam Mendes, 2012) Bond vivió un segundo renacimiento durante la etapa Craig y se convirtió en la entrega más taquillera de la saga, por lo que tanto Craig como Sam Mendes estuvieron de vuelta para la siguiente entrega.
Spectre es la secuela natural y directa de Skyfall, al igual que Quantum of Solace lo era de Casino Royale. Tras los acontecimientos de la anterior entrega, Bond sigue los pasos de una malvada organización conocida como Spectra cuya sombra ya se había dejado entrever siempre a la sombra de los villanos de turno. Sin embargo, más allá del deber hacia su país, Bond parece tener intereses personales directamente relacionados con su pasado y con el enigmático líder de Spectra, Franz Oberhauser (Christoph Waltz). A partir de aquí, 007 se abre paso hasta su objetivo a su estilo, o sea matando, bebiendo y acostándose con mujeres. La secuencia inicial en México durante la festividad del Día de los Muertos abre con un plano secuencia espectacular que culmina con explosiones, golpes en las alturas y cabecera con canción (un tanto soporífera) de Sam Smith que sin embargo es casi uno de los momentos cumbres del film. Porque el problema principal de Spectre es la incoherencia de ritmo y guión que pueblan el film, manifestando una especie de lucha interna entre la historia que intenta ser Skyfall, acercarse a Solo se vive dos veces (Lewis Gilbert, 1964) y no ser bajo ningún concepto Quantum of Solace, o lo que es lo mismo, la película que quiere ser el nuevo Bond (conflicto interno, dilemas morales y violencia explícita) pero que está obligada a ser el Bond clásico (mujeres, cachivaches y frases rancias).
Este navegar en tierra de nadie es lo que realmente lastra la película, y es una auténtica lástima ver el enorme potencial que se desperdicia a causa de un guión predecible y tan de manual que convierte a un villano que podría haber sido el auténtico culmen de la era Craig en un mero malo de opereta o que desaprovecha al mejor personaje femenino desde Vesper Lynd (Eva Green), relegando a cinco escasos minutos en pantalla la presencia de Lucia Sciarra (Monica Bellucci) en favor de la más joven e infinitamente menos interesante Madeline Swann (Léa Seydoux), cuya química con el Bond maduro de Craig es prácticamente de cartón piedra. Si a esto se le suman las tramas paralelas a cargo de M (Ralph Fiennes), Q (Ben Wishaw) y Moneypenny (Naomie Harris), que simplemente parecen estar ahí para cubrir cuota de pantalla, la película cojea y derrumba todos los logros conseguidos en sus puntos más fuertes.
Sin embargo, lo bueno que tiene Spectre es lo bastante bueno como para no arruinar la función, y es que hay momentos para el recuerdo en los que la mano de Mendes se deja ver de la mejor forma: la infiltración de Bond en Spectra y la aparición de Oberhauser con el rostro en sombra manejando en todo momento la situación, o la ya mencionada secuencia inicial en México, son retazos del mejor Bond de esta década, pero por desgracia arrastran la larga sombra de su predecesora, que parece forzar a la cinta a repetir todo lo que ya funcionó en esta aun cuando ya no tiene sentido hacerlo. La prueba más fehaciente de reiteración innecesaria de Spectre se resume en el propio Bond y su pasado, pues si bien en veinticuatro películas apenas se ha conocido nada sobre el personaje aparte de lo que le dotaba de identidad, era en esto mismo en lo que se basaba parte de su encanto. Casino Royale nos mostró a un Bond enamorado y traicionado, Quantum a un Bond despechado y Skyfall a un Bond destruido que volvía a ponerse en pie únicamente para servir a su país y ser el agente que llevábamos décadas conociendo. Ahondar más en este pasado era innecesario a estas alturas de la partida cuando ya todos habíamos entendido de qué iba la partida.
A pesar de las declaraciones de Craig, al actor aún le queda por contrato una última entrega como 007 antes de ceder el esmoquin a otro actor como ya hicieron sus predecesores. Si será esa la entrega definitiva de su Bond es algo que está por ver, pero de momento cabe esperar una conclusión que ponga fin a un ciclo que, con sus altibajos, puede ser considerado sin duda el mejor del agente secreto británico.
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