Circula por Internet un famoso meme en el que se señala, de forma cómica, cómo las películas del estudio de animación Pixar parecen girar alrededor de los sentimientos. Ya han explorado, por ejemplo, qué pasaría si los juguetes (Toy Story, 1995), los monstruos (Monstruos, S.A., 2001) o los insectos (Bichos: una aventura en miniatura, 1999) tuvieran sentimientos. Ahora falta el paso natural: ¿y si los sentimientos tuvieran sentimientos? Así, Del revés (Inside Out) (Pete Docter & Ronaldo del Carmen, 2015), que viene de la mano del famoso Docter (director de Up y Monstruos S.A.), pone el centro de atención en la mente de Riley, una niña de 11 años que tiene que mudarse de la fría Minnesota a la cálida y liberal San Francisco, un cambio que trastocará su vida y que llevará a sus emociones (Alegría, Tristeza, Ira, Miedo y Asco) a una aventura para tratar de equilibrar su estado anímico.
Más del 80% de la película transcurre en la mente de Riley, a diferencia de lo que podrían dar a entender los tráileres iniciales. La representación de los procesos mentales, la memoria, el funcionamiento de las emociones y de la personalidad están cuidadosamente reflejados de manera metafórica para poder ser comprendidos por los más pequeños sin por ello incurrir en errores. El equipo contó con asesores científicos para representar fielmente cómo funciona el cerebro en este sentido, y el resultado es impresionante: explican, por ejemplo, que los recuerdos se almacenan en bolas de cristal, algunas de las cuales contienen “recuerdos esenciales” que configuran aspectos de la personalidad. Si una emoción (por ejemplo, la tristeza) toca sin querer uno de estos recuerdos, puede convertirlo en un recuerdo triste, y así. Y es precisamente este hecho el que pone en marcha el verdadero argumento de la película: Alegría y Tristeza deben embarcarse en un viaje por la mente de Riley para lograr que su personalidad no se desmorone tras la pérdida de sus recuerdos esenciales.
La aventura de Alegría y Tristeza es la pieza central de la película y es, a la vez, su mejor y su peor baza. El recorrido que realizan ambos personajes sirve para explicar en profundidad el resto de procesos mentales (el pensamiento normal y abstracto, los sueños, la imaginación, el almacenamiento y olvido de recuerdos, etc.). Así, podríamos decir que una gran parte de la película es una especie de capítulo de Érase una vez… el cuerpo humano que explica a los niños cómo funciona la mente. Es fascinante la creatividad con la que el equipo de Pixar ha llevado a cabo esta tarea, aunque se rumorea que pueden haber copiado parte de los recursos del corto Brain Divided de 2013 (aunque la película ya se encontraba en desarrollo, es innegable el parecido entre los “paneles de control” mentales de ambas obras de animación). Sea como fuere, Pixar ha construido un mundo creíble e instructivo para niños y mayores.
Por desgracia, esta sección de la película es larga, repetitiva y se tornaría algo aburrida de no ser por los constantes gags que nos sacan una sonrisa o una carcajada con frecuencia. Justo cuando Alegría y Tristeza parecen conseguir sus metas, algo ocurre para fastidiar sus planes y deben volver a empezar. Es una pena que la película no haya aprovechado las interacciones entre las mentes de los personajes y se haya limitado a incluirlas en la famosa primera escena que se mostró y en los créditos. Al fin y al cabo, es importante que simpaticemos con Riley y su familia para entender mejor por lo que está pasando, y el foco excesivo en su mente nos aleja de la persona que, en el fondo, ha hecho posible la película. Por no hablar del juego que daría poder comprobar cómo interaccionan los seres humanos a través de sus sentimientos. Pixar lo sabía, y por eso decidió promocionar la película con la escena de la discusión en concreto.
No podemos decir que Del revés sea la obra maestra de la que muchos hablan, pero desde luego sí que es un muy buen film que vuelve a colocar a Pixar en el buen camino tras la mediocre Brave (2012). Al igual que el resto de obras del estudio, es una película con la que los niños disfrutarán, pero que solo los adultos podrán comprender en profundidad, y es que, al igual que Toy Story, en el fondo habla de la pérdida de la inocencia y de lo duro que es crecer.
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