Hollywood parece irse dando cuenta de que el cine de acción dirigido a un público joven tiene que renovarse o morir. Ya lo hemos visto todo, las películas de coches ya están copadas con la saga A todo gas, y todos hemos visto miles de películas de persecuciones con barcos, helicópteros, motos… así que Tracers (Daniel Benmayor, 2015) ha decidido «innovar». Durante hora y media de metraje seguimos la historia de Cam, un bicimensajero que tiene una deuda con una de las (múltiples) mafias neoyorquinas y se ve en la cuerda floja. Para su suerte se tropieza con Nikki, una atractiva chica de su edad que se dedica al parkour y que le enseñará a practicarlo.
Leído el argumento aquí plasmado, quizá tengáis la tentación de ir a buscarlo a otra página, pensando que no tiene demasiado sentido, que está deslavazado, que faltan datos importantes o que he sido muy vaga al citarlo. Pues no. La historia es la arriba citada, pero con más agujeros argumentales; vamos, que no tiene ni pies ni cabeza. La deuda del protagonista es la típica historia de «se metió en líos pero en realidad fue por tener un gran corazón, la vida le obligó a delinquir para hacer lo correcto». La forma en que conoce a la protagonista femenina es cuanto menos infumable y el amor que surge entre ambos no podría ser más forzado. En general toda la película es un cúmulo de «te lo crees porque… ¡Hollywood!» de parte de los guionistas que decae por momentos hasta llegar a los niveles de originalidad de película de la hora de la siesta… Y es que Tracers es una película vista una y mil veces, es el señor Burns con la gorra hacia atrás sin el cariño que le tenemos a Los Simpson.
Y, ay, ese protagonista… Taylor Lautner, al que conocimos como Jacob en la tristemente famosa saga Crepúsculo. Sinceramente, de él no esperábamos una actuación de Óscar, pero ni siquiera nos da en esta película lo que podíamos decir que ofrecía en las que le hicieron famoso: escenas sin camiseta. Al menos podemos decir que su actuación es aceptable (que no buena). Su contrapunto femenino, Nikki, interpretada por Marie Avgeropopoulos, tiene un personaje tan mal construido y dependiente de todos los personajes masculinos de la película (aunque intenten vendernos que no en las primeras cuatro escenas) que ni siquiera se puede juzgar que su actuación sea regulera. Desde la primera vez que abre la boca para decir más de una frase, a ese personaje no hay por dónde cogerlo, y empeora por minutos.
Pero en una película de acción, lo importante es, bueno, la acción, y queriendo innovar al incluir bicicletas y parkour, las «coreografías» al menos podrán salvar el filme y convertirlo en un entretenimiento aceptablemente –disculpad la redundancia– entretenido, ¿verdad? Pues no, por desgracia no. Lejos queda la película francesa Yamakasi (Ariel Zeitoun, 2001), no solo porque haga 14 años de su lanzamiento sino porque ni por asomo tiene siquiera una parte de la calidad del filme francés. Las primeras escenas, tanto de parkour como de acrobacias con la bicicleta prometen un factor sorpresa y de adrenalina, capaz de dejarnos con la boca abierta, pero se quedan ahí. Y es que parece que ni siquiera los creadores se creen realmente que ciertas cosas se puedan hacer mediante parkour (que se pueden), porque meten cortes de cámara y cambios de plano que hacen que nos perdamos el momento cumbre y sin embargo nos hacen tragarnos al señor Lautner escalando una grúa a pasitos cortos. Quizá por esto, tras la escena de entrenamiento, el parkour queda relegado al olvido y deja paso a la acción clásica, con sus armas y sus carreras y sus persecuciones de coches sin mayor interés y nos deja con la miel en los labios. Para rematarlo todo, los dobles hacen su trabajo correctamente, pero el montaje falla estrepitosamente y es fácil distinguir cuándo los actores vuelven a hacer su papel en lugar de los especialistas. Triste.
En general, Tracers es una película decepcionante, con poco o nada positivo que destacar, un cúmulo de tópicos, un guion visto hasta la saciedad punto por punto y una coreografía de parkour que solo cumple en los primeros 10 minutos. Cualquier vídeo de 15 segundos del Instagram de un freerunner profesional os dejará más satisfechos y maravillados. Incluso de ese chaval de 11 años que sube sus vídeos a Youtube. Mediocre.
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