jueves, 12 de mayo de 2016

Cine Geek

El terror es uno de esos géneros que nunca pasan de moda y uno de los que dan lugar cada año a cantidades ingentes de producciones que van desde lo vergonzoso o absurdamente divertido hasta la obra maestra, tristemente cada vez menos frecuente. En este panorama llega a nuestras pantallas El otro lado de la puerta, una apuesta de terror y producción anglo-india que, desde luego lejos queda de ser la película de terror del año.

Tras un accidente de coche en la India, María (Sarah Wayne Callies) no puede superar el trauma de la pérdida de su hijo. Tal es la culpa que, después de intentar suicidarse, María busca despedirse de su hijo llevando sus cenizas a un templo a través del cual el mundo de los vivos se separa del mundo de los muertos. A pesar de la advertencia de Piki, la fiel asistenta hindú que habla a María de la existencia del templo, María opta por abrir la puerta del templo a su hijo y con ello traerle de vuelta al mundo de los vivos, o lo que es lo mismo, María opta por ser una irresponsable y por dar a la película un punto de partida.

Lori sigue liándola con los muertos.

Incluso fuera de The Walking Dead, Lori sigue liándola con los muertos.

A partir de este momento, todo transcurre con la máxima previsibilidad posible y la película nos fuerza a poner el piloto automático, desconectar el cerebro y dejarnos llevar a través de un torbellino de tópicos que justifican la coproducción de la cinta en el aspecto más superficial de la cultura hindú. De hecho, poco cambiaría si la vaga excusa del templo que sirve de puente entre mundos se situara en cualquier otra parte del planeta con cierto aire de misticismo, pues lo que nos encontramos en El otro lado de la puerta no es sino una historia de fantasmas malvados de las de toda la vida. La casi nula carga emocional de la cinta se salva únicamente por la historia de María y la actuación entregada de Sarah Wayne Callies que intenta dar lo mejor de sí misma interpretando a esta madre que no puede soportar la idea de haber tenido que decidir salvar la vida de su hija pequeña y dejar morir a su hijo mayor, pero falla estrepitosamente en todo lo demás. Cuando María empieza a ser acosada por el espíritu corrupto de Oliver, la respuesta de su abnegado esposo Michael (Jeremy Sisto) no es otra que tratarla como si hubiera perdido un tornillo, de modo que María tiene que enfrentarse al más allá ella sola, o puntualmente con la ayuda de Piki, para intentar solucionar el desastre que ella misma ha causado. Dicho de otro modo, por enésima vez en una cinta de terror la mujer blanca la lía y todos a su alrededor tienen que pagar el pato. Piki, las mascotas de la familia y hasta las plantas, son arrasadas en la vorágine destructiva del malvado espíritu de Oliver que, por alguna razón, se ha vuelvo malvado y busca suplantar a todos alrededor de su madre hasta que solo queden ellos dos, en una lectura freudiana tan estrafalaria como innecesaria.

elotroladodelapuerta

Cucú-tras nivel avanzado.

Para terminar de aderezar este cultivo de tópicos, la presencia de los chamanes como individuos místicos y siniestros sirven para añadir un nuevo ingrediente a la idea más superficial sobre la India y si algo se salva de la quema es el diseño del tenebroso Guardián de la Puerta interpretado por el español Javier Botet, cuyo físico particular deja otro monstruo para el recuerdo junto a su ya famosa Niña Medeiros de Rec o la ídem de la película Mamá.

En resumen, El otro lado de la puerta no es sino una película más del montón a la que si no exiges demasiado te da al menos dos momentos divertidos sin quitarte mucho tiempo a cambio. Ideal para esos momentos de sofá y manta en los que tampoco te apetece demasiado pararte a pensar en lo que estás viendo en pantalla.

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