Pocas películas llegan a España cuya nacionalidad no sea inglesa, estadounidense, francesa o quizá argentina. De vez en cuando, algo que ha tenido mucho tirón en Suecia o en Italia aparece en las carteleras de cines minoritarios, esos de versión original en que echan películas con títulos que a casi nadie le suenan. Y de repente, Mustang (Ergüven, 2015), una colaboración franco-turca rodada íntegramente en turco, de la mano de una directora y coguionista turca nacionalizada francesa, aparece pegando fuerte en los cines españoles. Carteles en todas partes, promoción, publicidad en los autobuses… ¿Y por qué?
El verano comienza en una localidad del norte de Turquía. Lale y sus cuatro hermanas, a la vuelta del colegio, juegan con un grupo de chicos de manera inocente. Sin embargo, una vecina observa este momento con sus ojos de adulta y presupone a esta actitud una «maldad» puramente adulta. Por ello, va corriendo a informar a las personas que se encargan de las niñas de los actos de inmoralidad pública que las menores acaban de perpetrar. Esta presión externa junto a la vida en un pueblo y el miedo al qué dirán lleva a su abuela y a su tío a ir transformando poco a poco la casa en una prisión. El aprendizaje de las tareas del hogar sustituye a la escuela, y comienza para las mayores la búsqueda de un marido. Narrada siguiendo el punto de vista de Lale, la más pequeña de las cinco hermanas, vamos viendo cómo el mundo infantil de despreocupación en el que vivían las niñas hasta entonces se desvanece de una bofetada y va cada vez más cerrándose hasta casi ahogarlas.
Turquía es un país con el que Europa lleva muchos años teniendo una dicotomía, por una parte, se considera prácticamente un país europeo, pero por otra es imposible olvidar que no deja de ser un país musulmán con una herencia cultural más parecida a la que puede tener Siria (o podía tener, antes de la situación actual) que a la que tiene Alemania. Esta película no deja de mostrarnos también eso mismo, un grupo de niñas cuyos rasgos no identificamos como «árabes» (porque no lo son, pero este es otro tema), cuyas ropas no nos parecen muy diferentes a las que cualquier niña de cualquier parte de Europa pudiera llevar y que no llevan velo, pero rápidamente el contexto cultural nos muestra que la vida de los adultos en este pueblecito nada tiene que ver con el que nos esperaríamos en Europa. ¿O sí? Las formas, los detalles, las reacciones, son diferentes a las que esperaríamos de unos padres, abuelos o tutores de un grupo de chicas adolescentes españolas, pero el pájaro del «qué dirán» y el «si sigues así nunca vas a encontrar marido» es un ave que a día de hoy sigue sobrevolando nuestras cabezas en una sociedad, lo queramos o no, fuertemente marcada por una religión (en nuestro caso la católica, en el suyo la musulmana). Por supuesto, el contexto es diferente, en un pueblo español nadie piensa en «trajes de color caca» y en concertar bodas antes de que cumplas siquiera 18.
Mustang es una película en que las protagonistas se van viendo encerradas en un espacio cada vez menor, no solo físico, sino también metafórico, van viendo sus libertades cortadas poco a poco, cada vez de forma más intensa y cada una reacciona del modo que es capaz de reaccionar según su forma de ser. Cinco magníficas actrices y cinco historias diferentes, todas en la misma cinta, en poco más de hora y media, cinco películas en una que, cuando crees saberlo todo, te pega un buen tortazo. Habrá que ver la ganadora del Óscar de habla no inglesa, porque esta película, ganadora de un Goya, dos premios Lumière, un premio LUX y proyectada en Cannes es difícil de superar.
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