Ya está aquí, ya llegó, otra secuela de otra película de animación. Exprimir a la gallina de los huevos de oro es una cosa que a los estudios grandes les encanta, y claro, ¿cómo no iba a hacerlo Dreamworks cuando Kung Fu Panda 2 (Yuh, 2011) recaudó más de 600 millones de dólares? Kung Fu Panda 3 (Yuh, 2015), la tercera parte de la saga del panda Po, comienza con la jubilación del maestro Shizu, la aparición de un nuevo enemigo místico sobrenatural mucho más fuerte que todos los anteriores y la repentina llegada a la aldea de un panda en busca de su hijo. Un argumento sin grandes novedades, complejidad o innovación que seguramente cualquier lector verá venir solo viendo el tráiler.
Al igual que las dos entregas anteriores la ambientación es magnífica, llena de matices asiáticos. La música, la mitología, la elección de los personajes, el uso del color, los paisajes, todo nos ayuda a ponernos en situación. La muy cuidada estética te mantiene atento, no solo porque la animación sea buena sino también por todo el lujo de detalles y las pantallas repartidas que hacen que nada se alargue demasiado, convirtiendo a la película en lo que es, un filme de acción para todos los públicos. También cabe destacar que una vez más contamos con banda sonora original de Hans Zimmer, compositor de la música original de Llamaradas, El Rey León o Piratas del Caribe que hace, como siempre, un trabajo excelente.
A pesar de la crítica que los gafapastas (ahora llamados hipsters, porque todo es mejor en versión original) repiten hasta la saciedad, hay que remarcar la buenísima labor de doblaje realizada tanto por parte del traductor (Quico Rovira-Beleta, uno de los grandes de la traducción audiovisual española desde hace más de 30 años), como del ajustador y director de doblaje (Gonzalo Abril, otro de los grandes del sector), como de los actores de doblaje, encabezados por Florentino Fernández, quien ya sería la voz de Po en las dos películas anteriores. Me llevé una grata sorpresa al ver aparecer su nombre en los títulos de crédito de doblaje, ya que su nivel de interpretación ha mejorado con los años visiblemente (bueno, «audiblemente»).
En un país con tan buenos actores de doblaje, soy la primera en criticar el uso del famoso de turno como mera excusa para conseguir una supuesta mayor audiencia (que dudo que sea tal). Así fue como Flo llegó al papel de Po y es un error que suele conllevar verdaderos descalabros en películas que, de otro modo, podrían haber tenido mucho tirón (y si no, escuchad a Flipi en Lluvia de albóndigas y a Iván Labanda en Lluvia de albóndigas 2). Esta manía nos viene calcada de un Estados Unidos al que deberíamos dejar de intentar parecernos; un país sin tradición de actores de voz y que siempre utiliza a los famosos… porque no tiene otra opción. «Ya, pero es que sale hablando Brian Carston, el de Breaking Bad». Ya, bueno, pero es que no hay un guiño a la serie en la película, no entiendo la importancia de eso en una película infantil.
Está claro que Kung Fu Panda se ha rodado con mimo y si te gusta la saga o eras fan de las películas de Kung Fu, te gustará, aunque no tenga la frescura de la original. Sin embargo, como película en general al final, una buena ambientación por sí sola no sirve de gran cosa si el argumento no cumple… y en el fondo, aquí aprueba raspando.
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