Hace ya 26 años que la idea de una escuela de magia atravesó las neuronas de J.K. Rowling. Viajaba en un tren de Manchester a Londres y no tenía lápiz ni papel. Aquel día la euforia creativa sobrecogió a la creadora de Harry Potter: «Nunca pensé escribir para niños (…) y sin embargo era a lo que estaba destinada». Veronica Roth, autora de las novelas Divergente, Insurgente y Leal, refiere un episodio parecido: tuvo la idea en un autobús. Lo menciona de pasada, como un detalle sin importancia, durante una entrevista. Quizás sepa que lo único que hace significativa a la anécdota es la coincidencia con la leyenda de Rowling, y que el suyo no es un momento «eureka» de la misma magnitud. ¿Intenta Roth dignificarse? ¿Sabe que difícilmente puede equiparar la consistencia de las aventuras del señor Potter con Divergente? Eso sí, en su novela también hay «casas», aunque aquí se llaman facciones. Pero se acaban ahí las coincidencias: Roth no se descubre destinada a la narrativa adolescente; a diferencia de la escritora británica, su trabajo parece conscientemente enmarcado en una manera, un género, una estrategia.
Resulta que la escritora es fan de Los Juegos del Hambre. No lo oculta; lo confiesa entusiasta. No hacía falta; hablamos de una distopía un poco tonta, con protagonistas jóvenes/adolescentes, un romance central, un gobierno despótico, un entrenamiento en edificio de hormigón genérico, guerra, distritos, quería decir, facciones… Los responsables de las películas tampoco quieren descuidar a estos adolescentes aficionados a las distopías; si Roth había osado apuntar tan descaradamente al target de Los juegos del hambre, ellos no iban a ser menos. El plan consiste en imitar la estrategia, y cosechar, si dios lo permite, un poco del mismo éxito: repetimos imaginería (esa llama rodeada por una circunferencia, convenientemente similar al logo de la competencia), sumamos unos cuantos actores de método para los papeles secundarios, un casting repleto de jóvenes guapos, una actriz principal (Shailene Woodley) que recuerda a la versión encogida de Jennifer Lawrence, un vestuario similar, localizaciones, etc.
Como saga cinematográfica Los juegos del hambre, con sus inconsistencias, podía mantener el tipo (justito). Sin embargo, el intento de reproducir esos mismos códigos con Divergente, Insurgente y Leal es desigual. La primera película resultaba robótica, inverosímil, tontorrona, repleta de lagunas, personajes huecos, clichés, diálogos pobres, y dominada por la extraña sensación de que la trama avanzaba a base de golpes creativos casi aleatorios (¿aplicó Roth alguna de las técnicas aprendidas tras licenciarse en escritura creativa por la prestigiosa Universidad Northwestern?). No sabemos si saltaron las alarmas entre los productores, pero Insurgente y Leal, evidencian un cambio de estrategia. Akiva Goldsman (guionista de Una Mente maravillosa o El Código Da Vinci) tuvo la responsabilidad de retocar el guion de la secuela y se tomó unas generosas licencias con el texto de Roth. Le sentó bien; la distopía no era más consistente por ello, pero se potenciaba la síntesis narrativa y los diálogos ya no provocaban el estupor de la vergüenza ajena. A eso había que sumarle otra sabia decisión, la sustitución de su director, Neil Burger (El Ilusionista) por Robert Schwentke (Plan de vuelo: Desaparecida), que es bastante más hábil coreografiando la acción.
La tercera película de la saga continúa desmarcándose del primer asalto; vira definitivamente a la acción, al tiempo que propone un escenario nuevo para transmutar en ciencia ficción pura, con sus gadgets futuristas, escenas (algunas) vibrantes, ágiles. El código que fluye bajo la capa adolescente es el del cine bombástico, de adrenalina básica, y funciona bien. Curados de espanto, desactivadas unas cuantas neuronas, Leal propone un rato generoso de pistolas láser, persecuciones, peleas… Parece que todo el mundo hace lo humanamente posible con el material de partida; los actores jóvenes (más flojo él, Theo James, que ella, Shailene Woodley), los intérpretes maduros, los guionistas, que proponen unos cuantos artefactos tecnológicos y agilizan la trama, el equipo de efectos especiales…
¿Es entonces Leal una película digna? Pues intentemos contestar así:
Hace poco un desarrollador, Andy Herd, anunciaba divertido su experimento para pasar el rato: el primer guion escrito por una inteligencia artificial, un capítulo de la serie Friends bastante surrealista. Para generarlo, Herd utilizó la plataforma Tensor Flow (un sistema de aprendizaje de Google), de manera que cada letra era seguida por otra, en una distribución probabilística que la máquina diseñó tras estudiar varios guiones de la serie. Sé lo que estaréis pensando, ¡es una estrategia muy parecida a la de Verónica Roth y los productores de esta distopía futurista! ¿Significa eso que la saga Divergente es el producto de una inteligencia artificial ligeramente más avanzada que la de la plataforma Tensor Flow? ¿Están ya las inteligencias artificiales entre nosotros? ¿Son los productores de la saga Divergente robots? ¿Y Veronica Roth? Nunca lo sabremos. Lo que es seguro es que, mientras la condescendencia de Hollywood con el público adolescente siga siendo la misma, mientras los departamentos de marketing sigan tomando las decisiones creativas, todas estas películas estarán condenadas a perderse en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. ¿Es hora de morir?
The post Crítica de La serie Divergente: Leal. ¿Sueñan los androides con tramas como esta? appeared first on AS Geeks.
No hay comentarios:
Publicar un comentario