miércoles, 9 de septiembre de 2015

Cine Geek

Una chica vuelve a casa sola de noche (Ana Lily Amirpour, 2014) era una película iraní de vampiros. Digo “era” porque así fue concebida en la mente de la mayoría de los cinéfilos desde que pegó el pistoletazo en el festival de Sundance, y, sin embargo, ahora es una película nacida en el universo del cine independiente estadounidense, rodada de hecho en California; eso sí, hablada en persa y dirigida por una cineasta iraní. Sea como fuere, bajo estos mimbres parece la película idónea para que uno farde de cinefilia sofisticada y cool en una charla entre amigos. Es, en esencia, puro cine underground, con todo lo atractivo que ello conlleva, lo deliciosamente inusual que resulta, pero también consciente de la antipatía (o sensación de lejanía) que puede despertar.

Una chica vuelve a casa sola de noche

Ante esta tesitura, cabe la duda de haber presenciado cine de culto o una película de autor pastosa, quedando a gusto del espectador situar sus conclusiones en un lado u otro del baremo, aunque probablemente el debut de Amirpour se encuentre en un estimulante punto intermedio. Fascinante a ratos, en todo momento se tiene la certeza de por dónde van las intenciones de su joven directora, y las costuras de todo aquello que no parece natural sino impuesto a golpe de pose postmoderna quedan a la vista. Todo ello supondría un problema mayor si no fuera por la elegante puesta en escena de la que hace gala en todo momento y su precioso uso del blanco y negro, conjunción de la que resultan no pocas imágenes hermosas y resultonas. El gusto estético camina a la par con el musical, logrando una experiencia audiovisual casi hipnótica que prácticamente logra desterrar por completo la incómoda sensación de impostura. Es, quizá, el trabajo que un debutante desea dar a luz como perfecta promoción artística: un ejercicio de estilo llamativo y personal que funciona a varios niveles, a priori independientes entre sí, sin que su peculiar e inestable mezcolanza de estilos, formas y actitudes genere indigestión.

Una chica vuelve a casa sola de noche

La historia transcurre en una ciudad llamada Bad City, anclada en un sitio indefinido de Irán, un lugar triste y grisáceo donde el dogma religioso mantiene la felicidad arrinconada en pequeños pero poderosos núcleos de resistencia (fiestas de disfraces a altas horas de la noche, pequeños apartamentos donde escuchar música prohibida y besarse…). Entre tal abanico de alegría y represión se erige la figura de su vampiresa protagonista, un personaje a raíz del cual surge el silencioso grito a favor de la libertad y la diferencia que recorre el metraje, el cual supone otro sólido pilar sobre el que cimentar la película. También está, por supuesto, la cuidada historia de amor que vertebra todo el film, a caballo entre Déjame entrar (Tomas Alfredson, 2008) y Sólo los amantes sobreviven (Jim Jarmusch, 2013), aunque carente del empaque y el impacto de estas últimas. De cualquier manera, Una chica vuelve a casa sola de noche se revela otro renglón para resaltar dentro del subgénero del cine vampírico, confirmando su buena (y muy heterogénea) salud en los últimos años. Quizá no alcance la fuerza suficiente para trascender la (brillante) anécdota que supone su contexto y premisa, pero descubre a un talento en ciernes a quien gustosamente habrá que seguir la pista.

Una chica vuelve a casa sola de noche

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