martes, 8 de septiembre de 2015

Cine Geek

Anacleto nació en 1964 en las páginas de la revista Pulgarcito, de la mano de la mítica editorial Bruguera. Con el paso de los años, se convirtió en una obra fundamental dentro del tebeo español y, a su vez, casi con total seguridad, en la creación más emblemática del brillante (y problemático) Vázquez, autor equiparable en altura y recorrido a Francisco Ibáñez. Llegados a este punto, sorprende lo mucho que ha tardado el cine español en lanzarse a la adaptación para la gran pantalla de nuestro Bond ibérico por excelencia, máxime cuando sus descerebrados y equidistantes reflejos en espíritu (y rivalidad -creativa, se entiende-), Mortadelo y Filemón, aterrizaron (con inmensa fortuna para quien esto escribe) en nuestras salas hace más de una década. Pero, ya saben como dice el refrán, lo bueno se hace esperar, y qué mejor para tamaña empresa, la de plasmar en celuloide al agente que “nunca falla”, que Javier Ruiz Caldera, otro que, tras su cuarta película, tampoco falla. Y éste sin comillas que valgan.

Caldera se ha convertido (o, mejor dicho, se convirtió y con cada estreno no hace sino reafirmarse) en uno de los cineastas de nuestro país con mejores aptitudes para la comedia. El director catalán no ha dado a luz con Anacleto: Agente secreto (2015) a su mejor película, tampoco a la más sentimental (Promoción fantasma) ni la más divertida (3 bodas de más), pero ha sabido aunar ambas facetas sin el menor rechinamiento en el presente trabajo, que le acredita (le consolida) como una de las voces más apetecibles del reciente cine patrio para echarse unas risas y, al mismo tiempo, alegrarse algo más que el día.

Anacleto: Agente secreto

La historia abandona la soledad del personaje (interpretado por un Imanol Arias magnífico, mimetizado, tan lejos de su Antonio Alcántara que da gusto -y no es una crítica a su personaje televisivo-) y le rodea desde el comienzo de un puñado de variopintos personajes y, ante todo, de un hijo que juega la baza clave para convertir estas aventuras en un buddy film paternofilial inesperado, éste con la cara de un Quim Gutiérrez que sigue de dulce. Es muy probable que los más puristas le echen en cara a Caldera no haber sido muy fiel a las historietas originales, y razón no les falta, ya que Anacleto ha desterrado toda su torpeza y se ha convertido en un espía capaz de darle la réplica al mismísimo Ethan Hunt. Ha sido fiel al espíritu intrínseco y carpetovetónico de las viñetas originales pergeñadas por Vázquez pero, también, las ha remodelado convenientemente a propósito de las corrientes actuales, sin que por ello se tome semejante maniobra como una traición, sino más bien como un movimiento estimulante y arriesgado que tiene su razón de ser en el propio estilo de su director. No estamos, pues, ante la sensación de presenciar un tebeo filmado, y, por supuesto, no posee la riqueza visual comiquera de los trabajos de Fesser y Bardem con los agentes de la T.I.A., pero sí que se trata de un trabajo de impecable factura e inteligente y muy eficaz estructura cómica salpicada de guiños. Dicho de forma llana: te ríes desde el principio hasta el final sin sentir que te dan gato por liebre jamás.

Anacleto: Agente secreto

El reparto (y los cameos) funcionan con precisión milimétrica (ay, Rossy de Palma), hay secuencias y gags descacharrantes que no se cuentan sólo con los dedos de una mano (ni de dos), e incluso algún detalle melancólico que le da una ligera pero bienvenida profundidad a un personaje que era maravilloso, pero maravillosamente unidimensional. Con sus puntuales (y perdonables) arritmias, y la palpable sensación de que Caldera está mucho más dotado para la comedia que para la acción, Anacleto: Agente secreto pone un curioso punto y aparte a este 2015 que ha sido un constante (y a menudo delicioso) homenaje al cine de espías (Kingsman, Espías, Operación U.N.C.L.E., Misión Imposible 5) y que, recemos, tenga un memorable fin de fiesta con la esperada Spectre. Y, mejor aún, supone un recuerdo impagable de la grandeza de Bruguera y Ediciones B, que no tienen por qué esconderse ante Marvel o DC Comics. Cada uno tendrá sus preferencias y sus gustos, pero un servidor espera más ansioso la adaptación de Superlópez (también de la mano de Ruiz Caldera, gran noticia) que el macrofinal de Los Vengadores. Así es uno. Y ahora, a dormir leyendo un Mortadelo como tantas y tantas noches. Nunca falla.

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