Los aficionados al cine de Julio Medem pudieron advertir una vuelta de tuerca cuando este estrenó Lucía y el sexo (Julio Medem, 2001). La singular composición de sus historias bañadas en una poética construcción de personajes encadenados por los sentimientos más primarios (amor, culpa, odio…) devino en una versión decadente de todas estas características. Como si el paso al cine digital hubiera supuesto también un terrible paso a un degradado compendio de aquello que hizo a Vacas (Julio Medem, 1992) o Los amantes del círculo polar (Julio Medem, 1998) obras tan especiales. Algunos directores, entre los que se encuentra el tratado aquí, han acabado volviendo a repetir en sus películas aquello que ya se sabía agotado, en apariencia obligados a mantener un sello, a la vez que se “renuevan”. Según esto, Julio Medem ha sido el cineasta del realismo mágico, el perfecto ejecutor de un catálogo de símbolos repetidos sin llegar al exceso, en una estética con un espacio cada vez mayor del melodrama. Y difícil es sostener una película así como para añadir componentes melodramáticos.
Hierro 3 (Bin-jip, Kim Ki-duk, 2004), película de la que ma ma (Julio Medem, 2015) toma su imagen culmen (consciente o inconscientemente) en una composición casi calcada que también es la imagen culmen (no por calidad sino por la capacidad de síntesis), puede tomarse como ejemplo opuesto: una repetición constante (en Hierro 3 de tareas y en Vacas o ma ma de imágenes contenedoras). ma ma se construye sobre dos mitades y las dos etapas de la enfermedad; una primera mitad donde Magda se enfrenta a su enfermedad sola sin nadie a su lado (su marido la ha abandonado para irse con una alumna antes del diagnóstico y ella ha enviado a su hijo a que pase el verano con unos familiares) y una segunda donde ya ha reconstruido su vida con un hombre que ha perdido a su mujer e hija casi a la vez que superaba su enfermedad. Esta afección es el cáncer de mama.
Lo que se le ha venido criticando a las últimas películas de su director ha sido su evidente caída en un mar de obvio simbolismo publicitario: para que sea el lector el que decida si esto se mantiene en ma ma solo se hablará de las referencias que se esconden en el título. Primero: Magda se acorta en ma. Segundo: ma ma como madre (serlo es el mayor deseo del personaje, tanto con la educación de su hijo como con el dar a luz en la segunda mitad). Tercero: ma ma como referencia al pecho masculino. Cuarto y final: como referencia al cáncer de mama que aparece en cada pecho.
Este análisis no tiene nada de complejo, es tan obvio como lo es la recreación tridimensional de un corazón vista unas tres o cuatro veces. Al igual se puede pensar y comprobar que el corazón es la propia vida de Magda, la misión que no finaliza. En su tradición de mujeres “de raza” Penélope Cruz intenta trazar un personaje que arrastre todo lo que ocurre en su alrededor, un personaje que bebe de los que se supone que son su especialidad: de comportamiento pasional y acosados por amenazas. Algunos lo pueden ver un tour de force y otros pueden ver megalomanía interpretativa. No hay secuencia en la que no esté presente y tenga un momento de lucimiento, porque solo importa ella/Magda. Y una de las cosas más peligrosas del cine son los vehículos de lucimiento para una estrella, donde la narración (y sus necesidades) queda ahogada por la necesidad de que los actores brillen a cada momento. En estos momentos los directores subyugan cualquier conato de creatividad y complejidad. Medem lo ha hecho.
Que los directores se coloquen por encima de su obra es igual de peligroso (si son escritores es doble de peligroso) por el mismo motivo. ma ma es de principio a fin producto de estos dos enormes problemas. No es más que un melodrama extremadamente tramposo y pomposo, prefabricado y con la irritante tendencia a dar un golpe bajo tras otro, a impactar de cualquier forma posible (si la tormenta puede incluir un par de árboles derribados lo hará). Podría importar, al igual que podría importar cómo también se intenta jugar con el montaje para suspender el tiempo y anticipar otro o cómo hay algunas bellas imágenes iniciales con capacidad de atisbar un viejo Medem, pero eso supondría darle a la película más importancia de la que tiene. Con nobleza está explícitamente dedicada a todas las mujeres, salvo que solo parece hecha por y para una. De esto se puede sacar la valiosa lección de que en ocasiones es más productivo volver al inicio o romper con todo que no la tercera vía.
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