Los Minions (Kyle Bald & Pierre Coffin, 2015) es la tercera película basada en el mundo de la película de dibujos animados Gru, mi villano favorito (Pierre Coffin & Chris Renaud, 2010). Durante los últimos 5 años hemos vivido una avalancha de merchandising relacionado con los minions, los pequeños ayudantes amarillos de Gru y, como no podía ser de otra manera, han terminado por tener su propia película. Como los pingüinos de Madagascar… solo que no exactamente.
Los Minions trata la historia de estos seres amarillos desde el principio de los tiempos, cómo evolucionaron, siempre a la sombra de los más grandes villanos del momento en busca del «jefazo» definitivo. Ante su incapacidad para mantener a salvo a esos amos despreciables (desde el T-Rex hasta Napoleón pasando por el antiguo Egipto), acaban aislándose solos en una cueva, sin nadie a quien seguir y sumidos en una cada vez mayor depresión. En este marco, Kevin, con la ayuda de Stuart y Bob, viaja en busca de la infame Scarlet Overkill, a la que pretenderán convencer para que acepte a todos los minions como sus ayudantes.
Los Minions puede que haya sido la película con la publicidad y propaganda más excesiva que hayamos visto en años. Han estado en todos lados: escaparates, televisión, ropa, repetitivos anuncios para cines, etc. Esto ha provocado que el sector adulto del público haya llegado al hartazgo y se haya empezado a crear un movimiento antiminion realmente intenso. Pero, por lo visto, esa excesiva repetición ha dado sus frutos porque se acaba de convertir en el mejor estreno de animación en España (por recaudación) en los últimos 6 años.
Si bien el título y los anuncios nos auguraban un cúmulo de chascarrillos sin gracia y del manido humor de «resbalón con piel de plátano», por una vez nos hemos llevado una sorpresa agradable. La película funciona. A pesar del poco texto que tienen los minions con su idioma inventado, se nos dibujan tres personajes con tres caracteres totalmente diferentes que aportan cada cual su granito de arena a la historia, como personajes relevantes y no meros alivios cómicos.
Respecto al humor, a los (inevitables en películas dirigidas a público infantil) chascarrillos manidos, se les une además un montón de referencias culturales. Desde la teoría de la evolución, un rápido repaso a los momentos históricos más conocidos y, finalmente, un paseo por 1968, año en que sucede la acción principal. En la película podemos encontrar escenas que hacen que los adultos de la sala sonrían o incluso suelten alguna carcajada, como es el caso de la llegada del hombre a la Luna. Y es que esta película de animación está plagada de detalles destinados a los padres (o adultos frikis de la animación) de entre el público. La forma de hablar de la Reina de Inglaterra llegado cierto punto de la historia merece, al menos, una mención, aunque una servidora no tenga demasiado claro aún qué opina de esa adaptación.
Merece la pena aplaudir, eso sí, la manera de hilar esta película con las dos anteriores, la suavidad con la que se cierra la trama, quitándonos de encima esa sensación de spin off innecesario y facilón para convertirla más bien en una precuela. En general, la película gustará a los más pequeños y hará que los adultos salgan un poco más contentos de lo que esperaban. El cambio de tipo de animación a la hora del cuento es una monada y las referencias culturales y a los años 60 ponen la guinda a una historia entretenida que se deja ver en una tarde de verano cualquiera.
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