viernes, 3 de julio de 2015

Cine Geek

Hace aproximadamente un mes, este cronista aficionado dio constancia en esta web de las virtudes de una cinta danesa sobre la cual ni él mismo había oído hablar, no existiendo por tanto expectativas de ningún tipo y resultando ser, a la postre, una grata sorpresa. Se trataba de Misericordia (Los casos del Departamento Q) (Mikkel Nørgaard, 2013), un thriller que se enmarcaba dentro de la reciente ola de cine de género proveniente de los países nórdicos, el cual, salvando las distancias, hacía pensar en un (muy) digno imitador de David Fincher. Ahora llega a nuestra cartelera su secuela, estratégicamente estrenada al poco de darse a conocer la franquicia cinematográfica que adapta el best seller de Jussi Adler-Olsen, y el principal problema al que parece enfrentarse es, precisamente, aquel que no hizo acto de presencia en la primera entrega: las ideas preconcebidas. Es muy probable que el espectador que saliera satisfecho hace escasas semanas demande en esta ocasión algo más que rostros familiares y otra exhumación de las miserias del norte de Europa y, lamentablemente, en Profanación (Los casos del Departamento Q) (Mikkel Nørgaard, 2014) no hay espacio para demasiadas sorpresas ni nuevos alicientes.

Profanación (Los casos del Departamento Q)

Misericordia poseía el encanto (y las debilidades) de la clásica carta de presentación, del capítulo de apertura que tiene la responsabilidad de enganchar en su tela de araña a los potenciales espectadores que serán, en un futuro, sus principales clientes. Bajo esta premisa, la cinta cumplía con notable suficiencia y despertaba el deseo por volver a desentrañar casos olvidados con el frío calando en los huesos. Profanación sigue un caso de asesinato aparentemente resuelto en el pasado que, en cuanto siembre la duda y el desconcierto entre los dos policías protagonistas, irá mostrando más capas de las que aparentaba en un principio, descubriéndose como otro pozo de suciedad y perversión de la alta clase social danesa. Las fichas técnica y artística son prácticamente las mismas, respetando la identidad estilística y conceptual de la saga. También repiten tanto la estrategia (relato turbio, oscuro y violento apegado a la estela del prototípico cine negro) como el esquema argumental (salpicado por flashbacks y recuerdos oportunamente insertados) y tonal sin innovar o arriesgar lo más mínimo. Una clara muestra de ello es que posee más giros y resulta más compleja que su predecesora sin ser, necesariamente, más interesante o adictiva, y los veinte minutos que le saca esta segunda parte a la primera se revelan consecuentemente innecesarios, escasos de verdadera sustancia.

Profanación (Los casos del Departamento Q)

Las tensiones producidas dentro de la comisaría han desaparecido y tampoco se dan enfrentamientos entre los personajes principales, al tiempo que éstos parecen haberse quedado encallados en los perfiles dramáticos de Misericordia sin que exista en esta continuación ningún desarrollo de los mismos. Se revela así quizá el escaso carisma de la saga que, al menos, uno esperaba que se expandiera en este capítulo, el cual cabría no denominar como de transición, como se desliza tan frecuentemente de las secuelas, sino como una historia más, eso sí, aún más cruda y turbia (en ocasiones de manera algo fácil e incluso terrible). La visión de las cloacas nórdicas peligrosa y cuidadosamente perfumadas se vuelve más truculenta y cruel que nunca (Millennium a su lado parece concebida desde una perspectiva afín a Hello Kitty) y, a pesar de esto, este nuevo asalto político y moral resulta más esquemático y predecible, entretenido no cabe duda, pero incapaz de ofrecer novedades que provoquen interés más allá de lo formulario. Un servidor volvería otra vez al Departamento Q, pero casi exigiendo, anhelando sorpresas y nuevas incorporaciones que mantengan la chispa encendida. O el frío despierto.

Profanación (Los casos del Departamento Q)

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